martes, 15 de octubre de 2013

Ramadán y Limosneros Millonarios

Una vez al año el mundo musulmán celebra el Ramadán, una de las tradiciones religiosas más importantes  para los practicantes del Islam.


El Ramadán transcurre por un mes, tiempo durante el cual los musulmanes  deben cumplir con un estricto ayuno mientras el sol esté puesto.

Esto  implica la abstinencia total de alimentos, bebidas y actividad sexual por un lapso de hasta 15 horas continuas, tal y como acaba de  suceder este año 2013, cuando el sol salía a las 5 am y se ocultaba a las 8 pm.

Mucho negocios relacionados con comida permanecen cerrados o funcionan a media marcha. Algunos ofrecen el servicio para llevar, el cual es aprovechado especialmente por los no musulmanes, que pueden perfectamente comer en sus casas.

El ayuno se rompe con un evento denominado Iftar alrededor del cual las familias y amigos se reúnen y cenan  con una gran variedad de platos que incluyen toda la gama de la gastronomía árabe.

El inicio del Iftar cumple con todo un llamativo ritual o protocolo que involucra a tanto musulmanes como no musulmanes: en los restaurantes se pueden ver innumerables mesas con  rebosantes platos servidos, con sus respectivos comensales ansiosos  de entrar al ataque, lo que sólo sucede después de un breve cántico. Muchos -por desconocimiento- cometen la imprudencia de iniciar antes.

En la cultura occidental, el ayuno nocturno, siempre forzado por el sueño cotidiano por razones biológicas, termina con el amanecer, cuando sale el sol, y volvemos a comer, por ello a esta ingesta se le denomina desayuno, que significa la terminación del ayuno.
 
En las lenguas anglosajonas sucede lo mismo; con el desayuno se rompe el "fast", por ello se denomina "breakfast". Algunos piensan que el desayuno debería también ser una celebración para dar agradecimiento.

Experiencias personales

Tuve la no muy buena fortuna de llegar por primera vez a los Emiratos Árabes Unidos en pleno Ramadán, época difícil para un recién llegado.

En mi  conocimiento superficial sobre la tradición, desconocía  muchas cosas, como la de que ni siquiera se puede públicamente  tener un  chicle en la boca y claro me tocó botar de rapidez el Adams, que alegremente masticaba para bajar la tensión del arribo a un  país  desconocido.

En otra ocasión mientras caminábamos -a unos 40 grados de temperatura-  mi esposa casi se desmaya en plena vía publica, y a pesar de llevar agua en nuestras mochilas, no  podíamos tomarla en público por respeto a la tradición y porque podíamos ser multados con 2.000 dírhams (un millón de pesos) y un mes de cárcel.

Tuvimos que entrar a un centro comercial y refrescarnos en la privacidad de un baño. De hecho, este recinto es la opción, en casos de emergencias como la antes descrita.

Finalmente, recuerdo una vez, cuando íbamos en un taxi y en plena autopista -en una zona mas bien desolada- el conductor se detuvo abruptamente, se estacionó a un lado, se bajó,  entonó un cántico y se empinó una botella de agua que cargaba en una bolsa.

La carrera de taxi que nos hacía, coincidía con la hora del Iftar o rompimiento del ayuno: este pobre hombre no había comido o bebido nada  en por lo menos doce horas. No era el paseo millonario local como inicialmente pensé.

Limosneros con manos llenas

El Ramadán exhorta también a sus practicantes a ser especialmente generosos durante este mes, de -más- amor al prójimo, situación que aprovechan los limosneros profesionales de la zona, como un iraquí capturado en Dubái este año  con 90.500 dírhams, algo así como  unos 46 millones de pesos.

El año pasado en el emirato de Sharjah a un limosnero pakistaní  le encontraron 30.000 dírhams, unos 15 millones de los nuestros.

Otros aprehendidos -con menos suerte- fueron un pakistaní, pillado con $ 180.000 y  un bangladesí, con solo $15.000. Otros menesterosos piratas  incluían a iraníes, jordanos y sauditas.

La mendicidad es un delito en los Emiratos Árabes Unidos y se paga en la actualidad con un  mes cárcel  y una  multa de 3.000 dírhams (un millón y medio de pesos) seguido de la deportación del falso necesitado.

Para las autoridades el castigo no es suficiente y está en curso de aprobarse una nueva ley que daría a los infractores una pena de tres meses de cárcel y una multa de 10.000 dírhams (cinco millones de pesos). Si el mendigo resulta ser un emiratí,  se le envía  a un centro de rehabilitación.

El Ramadán tiene las características que a un colombiano le hace recordar la Semana Santa, la Navidad y el Año Nuevo.

La tradición islámica  invita en esta época a la purificación del alma, al perdón, a compartir regalos, a fortalecer lazos familiares y a hacer nuevos propósitos hacia el futuro, como  dejar de fumar o perder peso.Se da también la costumbre muy colombiana de estrenar.

El mas reciente Ramadán terminó hace unas pocas semanas y con él, la añoranza de esa casi atmósfera decembrina -única- que un colombiano siempre recuerda y extraña dondequiera que se encuentre.

Marcelino Torrecilla N (matorrecc@gmail.com) 

Este Blog en
ELTIEMPO.COM