domingo, 31 de diciembre de 2017

Esa noche nos acostamos muy preocupados


Como "celador" de mi casa tenía la tarea de ponerle candado a las puertas, en especial a la del frente, la que gozaba del mejor candado, el más robusto y seguro.

No se me puede olvidar aquella noche de un primero de enero, cuando me aprestaba a cerrar la puerta principal, el más importante candado de la casa no se encontraba en el calado donde siempre debía estar.
calado
Calado sin candado
De inmediato, todos comenzamos a buscarlo, pero no dimos con él. El calado donde siempre estaba el candado daba a un pequeño patio de un vecino. Pensamos que pudo haber quedado muy al borde y haber caído allí, en el patio que el vecino usaba como cuarto de San Alejo, al aire libre.

Cansados como estábamos (para la hora ya debíamos haber estado plácidamente dormidos) iniciamos la búsqueda del candado, cuyo bronce debía relucir ante tanta chatarra junta. Había esperanza: éramos siete y el patio no era muy grande.

La búsqueda fue rápida, pero sin resultado. El candado no había caído al patio del vecino. Todos, ya hastiados, nos acostamos sin él puesto en su lugar.

El primero de enero es el único día del año en el cual casi nadie sale de la casa. Ese día, en realidad, el candado siempre estuvo puesto en la puerta principal. La fuerza de la costumbre (la que nos mecaniza los 365 días del año) me llevó a buscarlo, cuando yo ya lo había puesto las primeras horas de aquel primero de enero, en medio del jolgorio de pitos y estallidos. Nos fuimos a la cama sintiendonos terriblemente vulnerables, y esa noche no pudimos evitar acostarnos muy preocupados.

Feliz 2018 para todos.
Marcelino Torrecilla N (matorrecc@gmail.com)
Abu Dabi, Diciembre de 2017







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