martes, 15 de octubre de 2013

¡Casi me gano un Ferrari!

De las tantas experiencias que se pueden tener en los Emiratos Árabes Unidos, una en particular es la de poder ver rodar carros de altísima gama como Ferraris, Lamborghinis, Rolls Royce y otros cercanos a estos linajes. Diría que de diez carros que se ven en las calles y autopistas, dos pueden  pertenecer a esta realeza automovilística

Vivo en la cultura del automóvil sofisticado y la rápida movilización. En mi caso particular, el único carro que conduzco es el carrito de compras del supermercado y me ha tocado la experiencia quincenal de maniobrarlo con gran destreza, personalidad -y temor- entre uno que otro miembro de la susodicha estirpe automovilística, cuando permanecen orondamente parqueados en los numerosos espacios entre el supermercado y mi casa. 

No siempre tengo la suerte de que el carrito del supermercado que escojo, este en optimas condiciones mecánicas y de maniobrabilidad


Este fue el caso cuando, en cierta ocasión,  conduciendo  un carrito de compras, tuve el susto de mi vida: justo al pasar por el lado se su alteza Ferrari, perdí un poco el control del pesado carrito y el condenado se le fue raudo hacia la puerta. 

Mi inmediata reacción fue atravesarme quedando entre su parte frontal y la reluciente puerta del orgullo de Maranello. Aunque hubo un impacto sobre un lado de mi cuerpo, el dolor no fue tan fuerte como el que me hubiera ocasionado, si el carrito hubiese impactado a Don Ferrari: ¿cuánto me hubiera costado una abolladura a semejante monumento? Como ven ¡casi me lo gano!

Marcelino Torrecilla N (matorrecc@gmail.com) 

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