martes, 15 de octubre de 2013

Conozca un Hotel Hospital


La mayoría de personas evitamos los hospitales y nos aterra la posibilidad de ser recluidos en una atmosfera tan fría y tan escasa de color.

Sin embargo, les cuento que conocí uno en Abu Dhabi en donde se experimenta todo lo contrario: a usted le dan más bien  ganas de ir y quedarse un buen rato.

Se llama el hospital Burjeel y pareciera que hubiese sido concebido para ser un gran hotel, y es éste-precisamente- el ambiente que uno respira en su interior.

Al entrar la primera gran sensación que se percibe es su generosidad de espacio, comenzando por un inmenso jardín que atraviesa  una de las alas del acogedor centro de salud. 

Este es el jardín de espera donde los pacientes, en semejante atmósfera de relajación, comienzan su recuperación.


No importa que el doctor llegue tarde y -tranquilo- que siga en cirugía: aquí  los pacientes disfrutan esperar. Cierto, que es mucho mas agradable que en un hospital a usted le digan: "pase al jardín de espera, por favor".

Los relucientes e inmensos pasillos con sus espectaculares y románticas lámparas colgantes, lo trasportan a uno a una especie de palacio que invita a pasearlo y explorarlo, sin importar que usted tenga un resfriado o dolor de cabeza. Este paseo -de la vida- le va a espantar todos esos males y pesares.

La cuota  moderadora es de 25.000 pesos y ésto le cubre la consulta y gran parte de las medicinas que el doctor le prescriba.Curiosamente, las drogas más costosas las asume el hospital y las de precios modestos en algunas ocasiones las cubre el paciente.

Así mismo, usted tiene derecho a cirugías, terapias y exámenes de alta complejidad. Todo por los mismos 25.000 pesitos:¡así quién no se cura, óyeme!

¿Cuál Comida de hospital?
La mala fama de la comida de los hospitales se muere literalmente de hambre en el Burjeel, ya que sus pacientes gozan de deliciosos platos gourmet.

Como quien dice, el pechiche es también gastronómico.

 La fina gama de alimentos, preparada por un chef internacional, incluye proteínas, vegetales y harinas para el plato fuerte, además de sopas, ensaladas, postres y pasabocas para pacientes con problemas renales, cardíacos y de diabetes.

El Burjeel es el único hospital, que yo conozca, que tiene su propio  bufé brunch de lujo, el cual goza de altísima aceptación local por la calidad de sus platos y la excelente atención que se le brinda a los pacientes e invitados. Si alguien lo invita a un bufé en un hospital un viernes, créale sólo si es en el Burjeel. 


Desde un tétrico hospital
Otra hubiese sido la suerte del desafortunado protagonista de La Cama Vacía -canción popular guasca- si lo hubieran  internado en el Burjeel y no  en un tétrico hospital, donde finalmente muere.

En el Burjeel, no se hubiera convertido en un pobre esqueleto -como se lamenta en la canción-, ya que le habrían dado buen pechiche de cuchara; habría hecho muchos amigos- en la canción clama por compañía-, especialmente los viernes, por el excelente  bufé que reúne a tanta gente amable.

Y para terminar, no lo hubieran dejado morir, ya que hubiese recibido esmerada atención.


Para resumirles, el hombre de la canción  estaría hoy más vivo que nunca, gozando de buena salud y con muchísimos amigos.

La nueva canción, versión caribe colombiano, arrancaría con algo como: "...desde un  tronco de hospital.."  y sería toda una oda a la vida.

Estoy emocionado con el Burjeel.Y no es para menos. Después de llevar tanto del bulto en las inhumanas EPSs en Colombia, El Burjeel es un verdadero oasis para el sediento de salud, en pleno desierto arábigo.

Este generoso centro del bienestar humano tiene claro la verdadera misión de un hospital, que no es otra sino la de defender la vida desde todos los flancos.

Aquí la vida tiene todo un record de seguidores, superando con creces a la más popular cuenta de twitter. Algún defecto deberá tener El Burjeel, pero la intención y atención inicial, la que salta a la vista y  experimenta el paciente, es excelente. El enfermo es tocado por el efecto Burjeel, que le hace decir con firmeza que: ¡En el Burjeel me quedo!

Marcelino Torrecilla N (matorrecc@gmail.com)