lunes, 14 de octubre de 2013

"En este pueblo, casi no hay ladrones"

Para este escrito recurro al cuento de Gabo, ya que su título, excepto por el casi, resume eficazmente el nivel de criminalidad que existe en los Emiratos Árabes Unidos.

Una de las cosas que más se disfruta al caminar por una calle en una ciudad emiratí, es su seguridad. Se ven cosas inusuales para nuestro medio colombiano, como  a un señor salir tranquilamente de un banco abanicando un fajo de billetes; a un ejecutivo dejar en su carro con las ventanas abiertas su computador portátil a la vista de todos; a la gente hablar por celular tranquilamente dentro de un banco; a los alimentadores de dinero de los cajeros automáticos, sin arma alguna, realizar su trabajo sin ningún tipo de prevención a la luz del día;al farmaceuta que deja su negocio solo, para ir a rezar.

Aquel dicho, muy nuestro, de que la ocasión hace al ladrón no parece tener cabida en estos lares. Esto queda demostrado en la forma como los comerciantes disponen de sus mercancías. Se ven los llamados "andenes bodega", donde los tenderos tranquilamente dejan todo tipo de productos, que permanecen día y noche a la buena de Dios, sin que nadie  se lleve nada. Se dejan en la noche 30 botellones de agua y amanecen los 30. 

En otros casos, de experiencias vividas, se ve como se devuelven celulares de última generación, que  estudiantes en sus universidades dejan olvidados en bancas o baños. 

Una profesora amiga mía, dejó cargando su celular (muy modesto por cierto) en un salón de clase en Colombia, salió por unos minutos y cuando regresó el aparato ya  había desaparecido. ¡En un salón de clases!

Para rematar con los casos de la ocasión hace al ladrón,  conocí  de la experiencia de un compatriota quien cierta vez dejó olvidada una  cadena de oro en el gimnasio de un hotel emiratií, y cuya pérdida notó sólo dos semanas después de sus ejercicios.Aun cuando, desde sus adentros, le había dado el adiós a su cadena, envió  al hotel un correo indagando por la preciada joya.No había transcurrido diez minutos, cuando recibió una respuesta: "...Si señor, aquí tenemos su cadena con sus dijes, puede venir por ella cuando guste...

Paradójicamente, quienes  regresaron los objetos en los casos relatados, fueron humildes trabajadores cuyos sueldos son tan precarios como el mínimo colombiano y en muchos casos hasta menos. La gente tiene una fuerte tendencia a ser honrada, un valor que forma parte de su formación cultural.

CSI - Abu Dhabi, languidece y se muere de hambre, porque escasean los crímenes. Esto lo evidencia una historia urbana, sobre una señora alarmada quien llamó a la policía porque se le habían metido los ladrones y  le habían robado algunas cosas. CSI - Abu Dhabi no podía estar mas emocionado de poder, por fin, usar su sofisticadísimo equipo de investigación Americano, que olía todavía a nuevo, y en el cual habían practicado innumerables rutinas  criminalísticas. 

El incidente resultó una falsa alarma, y evidenció más el caso de una señora con algún desequilibrio mental, que solo quería llamar la atención. CSI - Abu Dhabi se quedó con las ganas de entrar en acción y practicar lo aprendido.

En el emirato de Sharjah, otra historia narra el caso de robos continuados de dinero que la gente desprevenidamente dejaba en sus carros después de hacer diligencias bancarias.Al hacer un seguimiento de cámaras, notaron siempre la presencia de un carro azul de donde salían los ladrones y escapaban después de hacer su fechoría. Finalmente, con la ayuda tecnológica, les echaron mano. Y, a que no adivinan de dónde eran los fleteros? Así es, "compatriotas colombianos" a quienes enjuiciaron y encarcelaron. Nunca se supo qué fue de sus vidas y por supuesto, los robos cesaron.

La sensación de seguridad, la percepción y la realidad de estar a salvo es un bienestar que los colombianos especialmente apreciamos cuando tenemos la oportunidad de experimentarlo. Es todo un delicatessen urbano que disfrutamos enormemente y que nadie nos puede robar.

Marcelino Torrecilla N (matorrecc@gmail.com)