martes, 3 de diciembre de 2013

La lucha nuestra de cada día


Jihad es una palabra en árabe que los occidentales asocian con violencia, por la gran cantidad de noticias del Medio Oriente que relacionan al término sólo con escenarios de guerra y conflicto. 

Jihad significa lucha o esfuerzo y no siempre tiene una connotación  guerrerista. Distensionando un poco la palabra, hay que decir que la misma se usa también en campos para nada beligerantes.

En el idioma árabe de todos los días, por ejemplo, una madre preocupada podría decir que a su hija le está costando mucho esfuerzo el colegio y pasar los exámenes se convierte en su jihad.
En otras palabras, a la niña le va mal y probablemente lleva el año embolatado. Esto sería algo así como una jihad escolar.

Jihad el travieso
Jihad es también un nombre propio.Cuenta una historia, que había una vez una  mamá árabe que tenía  un hijo llamado Jihad -inquieto como el solo-  quien se regodeaba en la travesura de escondérsele a sus papás en lugares públicos.

Lo anterior  sucedía en aeropuertos internacionales, donde la señora tenía que contenerse de llamar en voz alta al travieso infante- para encontralo. 

Gritar ¡Jihad! en un aeropuerto de occidente, no es nada recomendable, por la connotación ya mencionada anteriormente. En realidad, es un nombre para sólo ser susurrado en ciertos lugares: Jihad es un hombre incomprendido.

Esto contrasta notablemente con el uso  local y rutinario del mismo. En estos días me encontraba en la sala de espera de un hospital en Abu Dhabi, cuando de repente oigo en voz alta a alguien llamar a un paciente con el nombre en cuestión: ¡Jihad! ¡Jihad! Naturalmente, nadie salió despavorido.

Nuestra Lucha
Creo que la palabra árabe que hoy nos ocupa viene como anillo al dedo a nuestro contexto, porque sin lugar a dudas vivir en Colombia en la actualidad es toda una lucha, muy contrario a lo que se diga de que somos el país más feliz del mundo- o uno de los.

Se puede decir que el colombiano promedio vive en una constante lucha. Desde que se levanta comenzando con la lucha de la cogida del bus, cuando le toca encaramarse de bandera, o ir apretujado en un maremágnum humano tenaz, cuidando que  el delincuente no le eche mano a la precaria cartera que carga en su bolsillo.

Al bajarse del bus e iniciar su agenda de diligencias, lo espera la lucha  de las interminables colas para cobrar su pensión o pagar a regañadientes alguno de los tantos  impuestos  de los cuales poco o nada recibe de beneficio.

La lucha mayor, sin ninguna duda, debe ser la de la atención a su salud, para lo cual al colombiano de marras le toca sufrir el infame y degradante paseo de la muerte, del cual muy raras veces sale bien librado.

Y claro, no podemos dejar por fuera la lucha que el colombiano de la calle tiene con las benditas compañías de celulares y allegadas.

Podríamos seguir y crear toda una enciclopedia de pequeñas batallas del diario vivir  colombiano y necesitaríamos de muchísimo espacio para llevar a cabo un proyecto de semejante envergadura y esfuerzo.

Los colombianos son unos guerreros y están siempre dispuestos a la batalla del diario vivir. Sólo desearían que su lucha no fuera en condiciones tan abismalmente desiguales.

Marcelino Torrecilla N (matorrecc@gmail.com)