viernes, 11 de septiembre de 2015

¿Cómo es la vida a 50 grados centígrados?

Entre los meses de junio y agosto en el Medio Oriente se experimentan temperaturas promedio entre 45 y 50 grados centígrados, lo que obliga a cambios y ajustes en el diario vivir de millones de personas que viven en esta parte del mundo.

La ley del calor

La llamada ley del calor es una novedad, en particular, que favorece enormemente a aquellos trabajadores que les toca laborar al aire libre en inhumanas temperaturas. La ordenanza por parte del ministerio de trabajo en los Emiratos Árabes Unidos obliga a empleadores a darle a sus trabajadores un descanso entre las doce del medio día y tres de la tarde. De hecho, el gobierno emiratí ejerce permanente control para hacer que esta ley se cumpla con visitas como las hechas recientemente donde se encontró que de 10.000 verificaciones realizadas, 9.662 compañías estaban cumpliendo con la norma.

 Por la vecindad

Por linderos cercanos, tan alta era la temperatura que el gobierno de Irak, en una ocasión, ordenó un obligado periodo de cese de toda actividad por cuatro días.

La superpoblación y la falta de aires acondicionados empeoraban aún más la ya agobiante atmósfera. Se hablaba que la gente temía hacer el más mínimo movimiento muscular  y se les veía bajo la sombra de los árboles como estatuas que se movían sólo para tomar agua o espantar a algún impertinente insecto.

 Mall para todo el mundo


Para esta época –a causa del infernal calor- la actividad en los centros comerciales se reactiva en forma considerable y da la oportunidad a visitantes de acceder a servicios inusuales como una pista de nieve de 22.512 metros cuadrados de extensión ( 3 canchas de fútbol ) localizada en el Mall de los Emiratos en Dubái, capital comercial de los Emirates Árabes Unidos.

El visitante pasa entonces con una gran facilidad de las desabrochadas chancletas al los rígidos esquís, de un clima de desierto de  50 grados centígrados  a uno alpino con temperaturas de menos 3 grados. (Ver video aquí)


Existe también un pasaje peatonal – con una extensión de 820 metros de largo- techado y debidamente climatizado, que conecta a la estación Burj Khalifa del metro con el Dubái Mall, lo que constituye, prácticamente, una  “calle elevada” con aire acondicionado. En las calles, también tienen climatizados a un buen número de paraderos de buses para atender a  la población que  se moviliza entre las ciudades y sus periferias.
Paradero
Paradero de buses en Dubái

Beduinos benditos


Pero son los beduinos, los habitantes errantes del desierto, quienes podrían hablar con propiedad de lo que es un calor extremo, ya que lo han experimentado en carne propia por miles de años.

En semejantes temperaturas, y a diferencia de cualquier otro ser humano, son los beduinos los únicos que podrían sobrevivir sin tomar agua por 48 horas, ya que pueden ajustar sus cuerpos al calor infernal a través de su sudor. Una persona común y corriente escasamente resistiría la mitad de ese tiempo.

El boli: negocio con futuro
El popular boli: jugo de fruta congelado

En las ardientes temperaturas del Medio Oriente el boli colombiano como negocio tendría un futuro casi  que asegurado, por lo exótico y por lo exquisito, y creo que el de corozo y el de coco serían los de mayor acogida.

La singular delicia culinaria  se popularizaría en forma inmediata y los emiratíes muy seguramente crearían el boli de dátil, hecho con la fruta de la palmera del desierto. Los colombianos que por acá vivimos veríamos con añoranza -en español y árabe- el aviso: Hay boli  en los frentes de alguna de las casas, lo que daría lugar también a una innovación  lingüístico-gastronómica.

casa

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Historias con calor humano
Al Muñecón: muerte por causa natural

Al Muñecón: años mozos
La historia urbana de Al Muñecón la cuenta un ciudadano colombo-árabe apellidado Manzur, cuyos abuelos entraron a Colombia por la costa caribe. Relata el señor Manzur que Al Muñecón era un maniquí de hule que hacía las veces de saco de arena y pertenecía  a un  boxeador kuwaití  de peso mediano, llamado Ahmad Fahed Bamabadh, el único  ciudadano de la región que se le dio por practicar este exótico deporte, por lo cual lo veían como el excéntrico de la comarca.


Su afición por el boxeo nació de la admiración que profesaba hacia el gran peleador norteamericano Mohamed Ali, mucho más cuando este se convirtió al islam; Ali era su ídolo por quien estaba dispuesto a dar todas las peleas.


Cuenta la leyenda que el peleador kuwaití  se preparaba para una crucial  disputa en el cuerno de África por un título internacional y que dicho evento deportivo se realizaría al aire libre a altas temperaturas, razón por la cual el entusiasta deportista se entrenaba en el patio de su casa en Kuwait, levantando a trompadas a Al Muñecón a temperaturas de 50 grados centígrados, en jornadas de tres a cinco horas.

En una ocasión, cuenta el “turco” Manzur, en un medio día de un mes de agosto, la temperatura en el Medio Oriente subió en forma inimaginable a un infernal registro  de  70 grados centígrados.

El inesperado evento climático tomó a todos por sorpresa incluyendo a Al Muñecón quien a la intemperie, en el improvisado gimnasio de patio,  quedó a la merced de la devastadora temperatura y se derritió en cuestión de segundos.

No hubo tiempo de salvar a la valiosa pieza de entrenamiento y se dice que el desafortunado imprevisto minó las fuerzas del disciplinado Ahmad.

Termina contando el “turco” Manzur que el joven boxeador perdió la pelea por decisión en una épica batalla que duró 12 asaltos y que, después del terrible revés,  Ahmad Kid Fahed desapareció del mapa boxeril de Kuwait y del resto del Golfo Arábigo. Fue para él un duro golpe y un triste final por partida doble.

El Migue árabe 

Otro relato urbano cuenta la historia de un abuelo beduino llamado Mifzal Saeed Humaid a quien, con la bonanza petrolera, sus familiares trasplantaron del desierto a una lujosa villa en la moderna ciudad.

Desde un comienzo el abuelo desaprobó dicho traslado y de todas las cosas nuevas que experimentaba, la que más detestaba era el aire acondicionado.

No cambiaba los 50  grados centígrados de su desierto, que era su ambiente natural.


El abuelo, que rara veces se enfermaba, comenzó en algún momento a sufrir de sus bronquios y la fastidiosa condición se manifestaba con una tos pertinaz que lo desvelaba y acentuaba su sufrimiento. Un día –cuenta la historia- el viejo Mifzal no lo soportó mas y caminó raudo hacia la puerta de la lujosa mansión. Lo último que se oyó de él fue un fuerte portazo con un sonoro vainazo:

–“Al carajo todos ustedes  con sus aires acondicionados”

Nunca lo volvieron a ver por la fastuosa villa y el viejo beduino regresó a su añorado desierto, de donde nunca lo debieron haber sacado.
El viejo Mifzal se parece al ermitaño colombiano Miguel Canales, el de la canción de Rafael Escalona quien pregunta con insistencia:

“¿qué le estará pasando al pobre Migue que tiene mucho tiempo que no sale? ”.


Mifzal en el desierto acariciando sus pies con las suaves arenas del desierto  y  Migue en la montaña respirando la tibia brisa que anuncia la inminente lluvia. Ambos realizando sus sueños de eternos ermitaños.


En el Medio Oriente la vida a 50 grados centígrados  transcurre con mucha efervescencia y da para todo, desde la exótica realidad de una estación de nieve en medio del desierto emiratí, hasta los golpes que la vida da a boxeadores y ermitaños, en algún otro rincón del extenso Golfo Arábigo.




Marcelino Torrecilla N (matorrecc@gmail.com)
Abu Dhabi (EAU) septiembre de 2015


Fotos
www.behance.net (casa en Colombia)
www.foodspotting.com (bolis)
Puerta de entrada  árabe (personal)
Paradero de buses (personal)