miércoles, 19 de noviembre de 2014

La perla de los dos destellos

Historias de perlas
En tierras de los Emiratos Árabes Unidos, se le llama Dana a la perla más preciada y deseada. Se habla que una Dana se pescaba sólo de generación en generación, por lo tanto era la perla más esquiva que existía.


Para un pescador, conseguir una Dana -en los inicios del naciente país petrolero- significaba las ganancias en dinero de todo  un año de arduo y peligroso trabajo.

La Dana  ha tenido, también por mucho tiempo, un valor sentimental y cultural para la realeza del Medio Oriente y en Europa, donde finalmente se comercializaba con creces, terminaba luciendo los tersos cuellos de las grandes damas de  monarquía en el viejo continente.

Pesca milagrosa

Cuenta una leyenda urbana que, en cierta ocasión en el emirato de Sharjah, un joven e inexperto pescador llamado Abdulrahman Miftah Masoud, en una intempestiva y solitaria incursión en las aguas del mar arábigo, tuvo la suerte de pescar una Dana.

Su inexperiencia en las lides de la caza de perlas, iba bien de la mano con su crasa ignorancia acerca de la importancia de las legendarias gemas.

El joven Abdulrahman, desconociendo totalmente el valor de una Dana, fue de inmediato al souq (plaza de mercado) más cercano a venderla, como quien vende cualquier baratija. Claro, en el souq, se la arrebataron de la mano a la primera exigencia económica que el bisoño pescador  hizo por la nobilísima joya. Corrían los años treinta y como todo en un pueblo pequeño se sabe, el rumor, como una envolvente tormenta de arena, se esparció por toda la comarca:

EN EL SOUQ DE AL ARSAH ALGUIEN ESCONDE UNA DANA

Por ley, cuando se pescaba una Dana, esta hacía  parte del patrimonio cultural  de la región y el pescador que la encontraba, tenía derecho a un jugoso porcentaje y al honor de recibir La Orden de la Pesca Milagrosa.

Nadie apareció para hacerse acreedor a la honorable distinción, lo que dio lugar a una búsqueda minuciosa e histórica de la valorada gema. Alguien quería obtener mayores dividendos en época de grandes carencias.

Entre riquezas y bagatelas  

cachivachesLa pretendida Dana se podía encontrar entonces entre la inmensa  maraña de  algunas pocas riquezas y un gran número de bagatelas que albergaba el inmenso souq de Al Arsah en Sharjah. En una mañana de un caluroso día del mes de junio, el gran souq fue despertado y sacudido por un histórico allanamiento que duró cinco incansables días.

A la gran Dana la buscaron palmo a palmo, cachivache tras cachivache, día y noche durante interminables horas, para las cuales se necesitaron varios turnos de buscadores. Muy a pesar del extenuante esfuerzo, la perla no apareció en la gran plaza de mercado.

Trágicas carreras
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Mar de penas ahogadas
Al joven pescador no se le vio más por el pueblo. Se cuenta después, que, ante su  tragedia de deshonra e ignorancia, el desdichado hombre corrió hacia la playa y nadó delirantemente hasta el punto en el mar en donde había encontrado la Dana, quizás con el quimérico deseo de hallar una nueva y, de alguna forma, reparar la grave falta.

Literalmente, se ahogó con ese deseo y su cuerpo nunca fue encontrado.



desert
La inmensidad de un escondite
Cuentan que el joven le había vendido la Dana a un curtido beduino llamado Abdulla Ali Sulaiman, quien, en su inquebrantable deseo por conservar la joya, emprendió  una frenética carrera de horas y días en el inmenso desierto emiratí y sólo se detuvo cuando sus piernas desfallecieron de físico cansancio; fue en este preciso punto donde se presume que el viejo beduino había enterrado la joya.


La larga carrera de Abdulla Ali Sulaiman terminó trágicamente en las goteras del emirato de Sharjah, donde su cuerpo fue encontrado, boca abajo, en las ardientes arenas del desierto. Su muerte se produjo por agotamiento, después de andar errante muchísimo más tiempo de lo que hasta un beduino mismo pudiese resistir. El cuerpo sin vida fue hallado un medio día del mes de agosto, sin la requerida Dana.

El gran cálculo 

Fallecidos los dos protagonistas de la gran perla perdida, la búsqueda continuaba y la clave para hallarla estaba en determinar el punto exacto, en el inmenso desierto, donde Abdulla Ali Sulaiman pudo haber enterrado o escondido la gema.


Semejante cálculo tenía muchas preguntas y muy pocas respuestas. No se sabía, por ejemplo, qué dirección había tomado Abdulla; muy posiblemente hacia el sur, que era la zona más conocida y transitada. Por otro lado, pudo haber tomado el norte, precisamente buscando un lugar desolado y apropiado para su propósito. Tampoco se sabía cuántos días pudo haber caminado, antes de llegar al punto del escondite.


En el desierto de Sharjah las preguntas de este tipo llovían y todo era conjeturas y especulaciones, pero alguien tenía que calcular el lugar y resolver esta especie  de acertijo matemático.


Reunión de sabios

La titánica tarea de hacer el cálculo y revelar el misterio se la encomendaron al gran sabio de la época, el matemático Iraquí, Ahman Tahir Salem  acompañado por un grupo inter-disciplinario de eruditos, liderado por el científico Jordano, Diyaa Khaled Nasser quien, con su magna obra de La Taxonomía del Tejido Psico-social Beduino, constituía un gran aporte para entender la naturaleza e idiosincrasia de los habitantes del desierto. Se esperaba que la rigurosidad y el calibre científico de su trabajo  investigativo dieran gran luz a la difícil búsqueda.


Los respetados estudiosos permanecieron reunidos por espacio de cinco días. Una luminosa  mañana del mes septiembre, los notables informaron al público el sitio  aproximado donde, ellos calculaban, Abdulla Ali Sulaiman  había dejado de correr y escondido la Dana.


“– Nuestros cálculos nos indican– anunciaba con gran solemnidad el gran sabio Ahman–, un punto hacia el sur, a unos 200 kilómetros de aquí, al pie de la Duna de Al Amal”.


Entusiastas caravanas partieron de inmediato al sitio indicado por los peritos y numerosas y minuciosas excavaciones iniciaron una nueva búsqueda.


El segundo intento por hallar a la Dana, removiendo arena desértica, tomó las noches y los días  de 40 jornadas, después de las cuales, los fervientes buscadores desistieron de puro agotamiento y desesperanza: tristemente, el cálculo de los afamados científicos había sido desacertado y la perla seguía siendo esquiva a la vista de los desconsolados pobladores del emirato de Sharjah.


Después de este, nunca hubo un intento más por encontrar a la Dana y, en ese día 40 de búsqueda, la elusiva gema se declaró perdida y sepultada para siempre.

De la perla al petroleo
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Bonanza inminente
Años después, el negocio de las perlas entró en crisis y desapareció cuando los japoneses comenzaron a cultivarlas. Tiempo después, los pobladores de los Emiratos Árabes Unidos  descubrirían  que el subsuelo del ardiente desierto que pisaban, estaba cargado de petróleo.

Eran los albores de una inminente bonanza y de un histórico cambio en la vida de unos habitantes del desierto que vivían en casas de bahareque y cargaban los pesados harapos que la pobreza les proveía.

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Sharjah hoy

Recuerdo y Romería 

La Duna de Al Amal, muy a pesar de todo, se identificaría siempre como el lugar donde podía estar la Dana. Por lo tanto, la emblemática y aislada colina, terminó  convirtiéndose en un lugar de especial significado, de recuerdo y romería, donde todavía se añoraba encontrar y ver la perla perdida del souq de Al Arsah.


La gran Dana, finaliza la leyenda, tuvo únicamente dos destellos, que fueron vistos sólo por dos hombres, a quienes siempre se les consideró no merecedores  de semejante vivencia.


Fueron los destellos, de los cuales fue privada toda una generación, la generación, que por mucho tiempo lloró lágrimas de nácar.



Marcelino Torrecilla N (matorrecc@gmail.com)
Sharjah (EAU), noviembre de 2014
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Fotos
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Perlas y bagatelas: Periódico El Nacional de Abu Dhabi