Mostrando las entradas con la etiqueta emiratos árabes. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta emiratos árabes. Mostrar todas las entradas

jueves, 1 de diciembre de 2016

Chapecoense: el encanto que Caio Júnior dejó en los Emiratos

Una atmósfera triste y de lágrimas contenidas se vivió durante el encuentro entre los equipos de Al Jazira y Dibba, en el campeonato nacional de fútbol de los Emiratos Árabes Unidos, el pasado martes 29 de noviembre.

No era para menos. La tragedia del equipo campeón brasileño Chapecoense también estremeció a aficionados y dirigentes de este país en Oriente Medio, ya que el director técnico Caio Júnior– fallecido en el accidente aéreo en Colombia– dirigió a dos equipos, en estas cálidas tierras del Golfo Arábigo: se trata del Al Jazira, el principal club de Abu Dhabi y el Al Shabab, equipo que tiene su sede en Dubái.

Antes del inicio del partido, se guardó un sentido minuto de silencio y los recuerdos sobre el inolvidable técnico Caio Júnior se dejaron oír.

Obaid Hubaitha, antiguo director técnico del Al Shabab, tuvo una relación cercana de dos años con el técnico campeón brasileño, y lo recuerda –en sus propias palabras– como…  “un hombre encantador y un verdadero caballero, todo el mundo en el equipo le tenía mucho cariño; él siempre ponía a sus jugadores y al equipo primero, lo extrañaremos siempre”.

El reportero Alaric Gomes, del periódico Noticias del Golfo (Gulf News), evoca momentos de su actividad relacionados con Caio Júnior, cuando este último dirigía Al Shabab: “ ...en las dos pasadas temporadas, cubrir partidos donde jugara el Al Shabab era todo un placer debido a la presencia de un tal Luiz Carlos Saroli, conocido como Caio Júnior ”.

Al enterarse de la noticia y saber que hubo unos pocos sobrevivientes, un conmocionado Adel Al Hammad, jefe de prensa del club Al Shabab, abrigaba la esperanza de que Caio Júnior se encontrara en ese grupo.

La mayoría de jugadores, quienes veían al gran timonel como una figura paterna, comenzaron desesperadamente a llamar al teléfono privado de su antiguo entrenador y caro amigo, con la esperanza de que este respondiera, pero nada sucedió.

Previo al partido, una gigantesca foto del admirado entrenador fue puesta en la pantalla del estadio Mohammed bin Zayed, con una nota en árabe, que reza: “Nuestras condolencias para la familia del técnico Caio Júnior y de las victimas del trágico percance”.
caio-junior
Hasta siempre, Caio Júnior: gran amigo y gran señor
Caio Júnior le dio al equipo Al Jazira una de las mayores satisfacciones posibles que un conjunto deportivo en estas latitudes pueda tener, al llevarlos a ganar el campeonato de la Copa Presidente en el año 2012.

Su recuerdo y exitoso paso por las tierras de las legendarias gacelas, quedarán imborrables en la memoria futbolera del emblemático equipo de Abu Dhabi. También, en la capital emiratí, Caio Júnior vivirá para siempre en los corazones de todos los aficionados.

De ahora en adelante, cada vez que pase por los estadios de los clubes Al Jazira y Al Shabab, los miraré con ojos de admiración (y tristeza) al saber que un latinoamericano, que un brasileño llamado Luiz Carlos Saroli, Caio Júnior, dejó en esos recintos el encanto de un profesional a carta cabal y de un admirable y querido ser humano, en tierras lejanas de su amado Brasil.

Al final, lo más importante es la huella que se deja, como la de Caio Júnior: ejemplarizante e imperecedera. Paz en su tumba.


Marcelino Torrecilla N (matorrecc@gmail.com)
Abu Dhabi, EAU, noviembre de 2016
Fuentes y foto: Periódicos El Nacional y Noticias del Golfo
Disponible en Wattpad

domingo, 28 de agosto de 2016

Golpe de suerte en Dubái


A tres mil pies de altura, desde su asiento clase económica, Kamal miraba nerviosamente por la ventana a ver si podía visualizar el Burj Khalifa, el edificio más alto del mundo, y por el cual –entre muchas otras razones– había hecho el añorado viaje a Dubái, desde su natal India. Fue en ese momento de contemplación,  cuando irrumpió el inesperado y turbador anuncio del piloto:

“Señores pasajeros, en estos momentos experimentamos problemas con el tren de aterrizaje, y por lo tanto tendremos un descenso de emergencia; favor abrochar bien sus cinturones y seguir instrucciones”.

Era aproximadamente la 1:00 de la tarde de aquel 3 de Agosto, cuando el flamante Boeing 777, de la línea Emirates, donde viajaba  Kamal y 226 de sus paisanos –junto a pasajeros de otros países– aterrizaba con una estruendosa brusquedad que, minutos más tardes, provocó una conflagración que dejó  a la gigantesca aeronave casi destruida y en medio de un aterrador retrato de devastación.

Devastado

Para la gran fortuna de todos los viajeros y la tripulación, el incendio se había  iniciado solo unos pocos minutos después de que todos los ocupantes habían sido rápida y eficientemente evacuados. Ninguno de ellos se explica la razón por la cual hoy pueden contar esta historia.

Del infierno al cielo
Además de Kamal, había un pasajero en particular llamado Mohammed Basheer, para quien, la aparente y ominosa experiencia se convirtió en un verdadero golpe de suerte, ya que una semana después del siniestro, se ganó un millón de dólares americanos,  que le dio la lotería del aeropuerto de Dubái (la Duty Free Millennium Millionaire ticket) por haber comprado la boleta ganadora, para la celebración del Eid (fiesta religiosa) en julio de este año. Siempre la compraba y se le ganó en el intento número 17. Como quien dice: la suerte y la vida le volvieron a sonreír.

Mohamed
Mohammed Basheer: historia de vida y fortuna

Lo sucedido a Mohammed Basheer es tan inusual como el nombre del distrito, en la india, de donde proviene, llamado Thiruvananthapuram, en la costa oeste. Y es aquí, en Thiruvananthapuram, donde él piensa establecerse y disfrutar su fortuna después de haber trabajado en los Emiratos Árabes Unidos por 36 años, en un concesionario de carros, como administrador del taller de latonería y pintura.

Curiosamente, Mohammed Basheer pudo nunca haber tomado ese accidentado vuelo de la India a los Emiratos Árabes, ya que, con mucha anticipación, había decidido retirarse, pero sus jefes le pidieron que se quedara un año más: en el accidentado vuelo venía a cumplir su año 37 de trabajo. La pregunta es : ¿Era la terrible experiencia parte del tiquete ganador? ¿Se habría, de todos modos, ganado el millón de dólares si hubiese declinado la oferta de un año de trabajo y quedado en Thiruvananthapuram?


Es muy difícil dar una respuesta a esa pregunta. Lo que sí es seguro es que, indirectamente, los grandes beneficiados van a ser también los Thiruvananthapuramitas, ya que el señor Mohammed Basheer piensa gastar parte de su fortuna en ayudar a los más necesitados de esta  región. No cree mucho en hacer donaciones a obras de caridad, y prefiere  hacerlo por su propia cuenta, algo así como personalizar la ayuda.


Es su forma de devolver lo que su vida, rica en sacrificios y logros, le ha dado. Antes de su golpe de suerte, Mohammed Basheer tenía planes de comprarse una pequeña finca con lo que  le dieran de dinero en su liquidación laboral. Ahora, su plan es tener una mega finca que le de trabajo a un buen número de sus paisanos.

El señor Basheer se ganó 1 millón de dólares en su intento número 17, después de su accidente en el vuelo número 521, un 3 de Agosto a la 1 de la tarde.

Compradores de lotería : ¡hagan sus apuestas!


Marcelino Torrecilla N (matorrecc@gmail.com)
Abu Dhabi agosto de 2016

lunes, 2 de junio de 2014

¿Dónde están los ladrones?


El laboratorio social de Dubái

Cuenta una historia urbana la experiencia de un expatriado portugués en Dubái, quien un día al salir de su casa al trabajo, decidió dejar pegado un billete de 100 dírhams (50 mil pesos colombianos) en la puerta de su casa: así es, 50 mil pesos claramente visibles y al alcance de todos. 

A su regreso, y para su sorpresa, los 100 dírhams permanecían sobre la puerta tan campantes como los había dejado. “Alguien se lo llevará mañana” afirmó para sus adentros. Días y meses pasaron y el billete no parecía atraer a nadie en una calle relativamente transitada. A medida que el tiempo transcurría, el pobre billete se decoloraba y se cubría de polvo ante las muchas tormentas de arena que le había tocado soportar. El deterioro del billete llegó a un punto tal, que al lusitano le tocó reemplazarlo por uno nuevo, esta vez plastificado e igualmente expuesto. 

El inusual laboratorio social del viejo expatriado produjo finalmente un resultado una noche de junio, cuando al llegar de su trabajo notó que el billete había desaparecido dejando colgando las tiras de cinta pegante que lo sostenían. 

“Se lo llevaron de un zarpazo” observó para sí. Lo anterior coincidió, ceñido a una estricta lógica, con la crisis económica que golpeó a los Emiratos Árabes Unidos en el año 2008, que dejó a miles de personas sin empleo y en una situación financiera lamentable. 

Tal era la magnitud de la crisis, que muchas personas con exorbitantes deudas salían de sus casas, y en vez de ir a sus trabajos decidían, sobre la marcha, que la mejor opción era huir del revés económico: terminaban en el aeropuerto comprando un pasaje con el dinero que les quedaba, dejando atrás todo literalmente tirado, incluyendo sus lujosos carros.

Después de un tiempo, automóviles abandonados y cubiertos con polvo del desierto -tal como el viejo billete del portugués- se podían contar por miles  en la zona de parqueo del aeropuerto de Dubái. Con el tiempo la crisis se superó y la atmósfera de tranquilidad financiera retornó, volviéndose a experimentar entre los habitantes de la gran ciudad la seguridad acostumbrada.
  
 El botellón del billete
 
Cierta vez, cuando caminaba por una calle de mi vecindario en Abu Dhabi, asomado en el pico de un botellón de agua, vi un billete de 20 dírhams (10 mil pesos colombianos) en pleno frente de una casa; no lo podía creer y me acerqué para estar seguro de lo que veía. Lo que les cuento sucedió a eso de las 8 am, en mi camino al supermercado y a otros lugares a donde tenía que realizar algunas diligencias. 

A mi regreso, a eso de la 1 pm, el botellón y el billete permanecían en su lugar y luego a eso de las 4 pm pude ver el enorme recipiente ya con su contenido de agua. Seguramente muchos como yo vieron el billete pero nadie le prestó atención: en este vecindario este tipo de ocasión, por fortuna,  aún no hace al ladrón.

Una tiquetera de 10 botellones cuesta 45 mil pesos colombianos y en mi caso personal cuando  me quedo sin tiquetes, coloco en frente de la puerta, debajo del botellón, un billete de 100 dírhams (50 mil pesos) con el siguiente aviso: -por favor deje una tiquetera (quédese con el vuelto). A mi regreso encuentro el botellón lleno, el aviso, la tiquetera nueva y el equivalente a un billete de 5 mil pesos, de vuelto: a esto hay que llamarle integridad en el servicio.


De puertas abiertas

Abu Dhabi es literalmente una ciudad de puertas abiertas. En el barrio donde vivo y en muchas otras partes de esta capital, no es nada extraño a cualquier hora del día ver casas con las puertas abiertas y desatendidas, lo que refleja el grado  de desprevención y confianza en que vive la gente. Una puerta que se deja abierta por estos lares obedece, por ejemplo, a que hay una reunión de amigos que van llegando a diferentes horas y no tienen la necesidad de tocar un timbre; tampoco el anfitrión tiene la necesidad de ir cada minuto  a abrir una puerta.


 
La puerta se deja abierta si se quiere que un domicilio le deje algo para usted recogerlo luego; o cuando se lleva una bolsa hasta el contenedor de basura que se encuentra a una distancia considerable; o simplemente ocurre por simple olvido, lo que termina convirtiéndose en costumbre: una puerta abierta acá no es una manifestación de vulnerabilidad, sino más bien una forma de vivir.

Las tres situaciones hoy descritas, que los residentes en ciudades emiratíes experimentan a diario, tienen como denominador común un privilegio y un derecho ciudadano llamado seguridad, que no es una simple percepción sino una realidad que se vive, que ya forma parte de valores culturales de los lugareños: es una inmensa tranquilidad que nadie les puede robar y un deleite urbano que todos disfrutan a placer.

Dato relevante: Las leyes en los Emiratos Árabes Unidos son severas y penalizan ejemplarmente a aquellos que se atreven a infringirlas. Lo anterior explica también en gran parte, el remanso de paz en que viven.

Marcelino Torrecilla N (matorrecc@gmail.com)
Abu Dhabi, Mayo de 2014