lunes, 28 de septiembre de 2015

Cuando el café llama


Nadie en el remoto pueblo de Alshuwahad, en el desierto emiratí, ponía en tela de juicio que Musabbah Rashed Al Harb era el beduino que, en toda la región y sus alrededores, contaba con el mejor hawon o mortero para machacar café.


A decir verdad, el de Musabbah era el hawon más celebrado de la comarca. Y tenía que ser así, ya que, durante los 354* días del año y con estricta puntualidad, el ilustre hawon de bronce y de hechura única, despertaba plácidamente a todo el pueblo con su agradable tañido y con el envolvente aroma que su café emanaba, que se hacía presente en todos los rincones de la gran aldea.

El hawon: tañido con aroma de café

Desde bien temprano, cuando el reloj marcaba las 5 de la mañana, la puerta de la humilde casa del viejo Musabbah  estaba ya abierta para todo aquel que quisiera tomar una taza de su delicioso café. Era el único momento y el único lugar en el cual se podía ver juntos a gente de todos los estratos y condiciones: pobres, ricos, locales y extranjeros, todos tenían cabida a la espontánea y amable convocatoria.

Un despertar distinto

La madrugada de aquel 15 de octubre fue diferente para todos los que vivían en el pueblo de Alshuwahad, ya que eran las cinco y quince de la mañana  y el tañido del mortero de Musabbah Rashed no se dejaba oír, y el delicioso y puntual aroma a café permanecía extrañamente ausente en el ambiente.

Dieron las cinco y treinta y el llamado aún no se oía. Algo grave le debió haber pasado a Musabbah,  pensaron todos al unísono y casi que en desbandada, un buen número de lugareños corrieron a la casa del artesano a averiguar que ocurría.


A Musabbah lo encontraron en el patio de su casa sentado en un taburete cabizbajo y meditabundo.
-Las deudas me acosaban y me tocó vender mi hawon -exclamaba apenado-, y lo reemplacé por este pequeño pilón -señalando a un rincón-, que ni suena ni da aroma. -Perdóneme por favor, concluyó su lamento a manera de suplica.


Musabbah había vendido el hawon a un comerciante libanés llamado Amal Besharra  a quien todos conocían como el mercader errante del Medio Oriente y cuyo almacén principal se encontraba en Beirut, en la antigua calle Saida, a donde llegó una pequeña comitiva del pueblo de Alshuwahad, con la única misión de recuperar el atesorado hawon de bronce de Musabbah Rashed, el artesano del café.
Después de algunos preámbulos, la conversación entre la comitiva y el comerciante llegaba a un punto álgido de la negociación.


–Tienen suerte caballeros– agregaba el libanés con voz esperanzadora, -no se ha vendido aún el hawon, que para serles franco, no ha sido un buen negocio para mi, porque la gente ya no los usa para hacer café y ahora los han reemplazado por máquinas, ustedes saben, cosas de la modernidad. El hawon lo estoy ahora promocionando en otra de mis tiendas como florero, a ver qué pasa, y según me cuentan ha llamado mucho la atención y  mas de uno ya le ha echado el ojo.


Había que ver las caras de disgusto de los alshuwahadenses ante semejante desfachatez y descarrilamiento cultural, pero aún así todos mantenían su compostura, ya que recuperar el hawon era lo único que importaba.


Al día siguiente la comitiva recibió la mala noticia de que el hawon  había sido vendido (muy seguramente mientras hablaban con Amal Besharra) a una joven estudiante de arte de la universidad de Beirut a quien el hawon-florero le había parecido  una pieza extrañísima y exótica, que serviría como insumo valioso para su tesis de grado que investigaba una nueva tendencia artística, que la excéntrica joven había bautizado como Artish y que sólo ella y sus colegas entendían, y la definía como arte en transición o arte que aspiraba- nunca se supo a qué ? o qué?


En lo que había terminado el malhadado hawon del viejo Musabbah: vestido de margaritas y escudriñado por una romería de greñudos estudiantes de arte, en la bulliciosa Beirut.

Hawon-florero: desfachatez cultural

A la casa de la joven estudiante, en las afueras de la capital libanesa, fue a dar la imbatible e incansable comitiva del pueblo de Alshuwahad a hacerle una jugosa oferta por el hawon, a la artista en transición, quien, acosada por deudas universitarias, no tuvo mas remedio que aceptar el atractivo ofrecimiento. El hawon entonces, después de tantas vicisitudes, regresaría a su lugar de origen.


El retorno del hawon fue celebrado en el pueblo de Alshuwahad con el esperado alborozo y la valiosa pieza culinaria fue declarada como un patrimonio cultural común, sin valor comercial y con el estatus de invendible e intransferible.


Después de casi un mes de ausencia, como era de costumbre, el delicioso aroma a café anunciado por el tañido del hawon de Musabbah Rashed, llamaba de nuevo a los lugareños  de Alshuwahad, a pobres, ricos, locales y extranjeros, a todos por igual, a tomar un humeante café. El reloj marcaba las cinco de la madrugada de un nuevo día.


Todos admitieron que luego de esta inolvidable aventura de rescate, el café había adquirido un inocultable aroma de felicidad.


Marcelino Torrecilla N (matorrecc@gmail.com)
Abu Dhabi (EAU) septiembre, 201ñ
* Un año tiene 354 días en el calendario islámico.

viernes, 11 de septiembre de 2015

¿Cómo es la vida a 50 grados centígrados?

Entre los meses de junio y agosto en el Medio Oriente se experimentan temperaturas promedio entre 45 y 50 grados centígrados, lo que obliga a cambios y ajustes en el diario vivir de millones de personas que viven en esta parte del mundo.

La ley del calor

La llamada ley del calor es una novedad, en particular, que favorece enormemente a aquellos trabajadores que les toca laborar al aire libre en inhumanas temperaturas. La ordenanza por parte del ministerio de trabajo en los Emiratos Árabes Unidos obliga a empleadores a darle a sus trabajadores un descanso entre las doce del medio día y tres de la tarde. De hecho, el gobierno emiratí ejerce permanente control para hacer que esta ley se cumpla con visitas como las hechas recientemente donde se encontró que de 10.000 verificaciones realizadas, 9.662 compañías estaban cumpliendo con la norma.

 Por la vecindad

Por linderos cercanos, tan alta era la temperatura que el gobierno de Irak, en una ocasión, ordenó un obligado periodo de cese de toda actividad por cuatro días.

La superpoblación y la falta de aires acondicionados empeoraban aún más la ya agobiante atmósfera. Se hablaba que la gente temía hacer el más mínimo movimiento muscular  y se les veía bajo la sombra de los árboles como estatuas que se movían sólo para tomar agua o espantar a algún impertinente insecto.

 Mall para todo el mundo


Para esta época –a causa del infernal calor- la actividad en los centros comerciales se reactiva en forma considerable y da la oportunidad a visitantes de acceder a servicios inusuales como una pista de nieve de 22.512 metros cuadrados de extensión ( 3 canchas de fútbol ) localizada en el Mall de los Emiratos en Dubái, capital comercial de los Emirates Árabes Unidos.

El visitante pasa entonces con una gran facilidad de las desabrochadas chancletas al los rígidos esquís, de un clima de desierto de  50 grados centígrados  a uno alpino con temperaturas de menos 3 grados. (Ver video aquí)


Existe también un pasaje peatonal – con una extensión de 820 metros de largo- techado y debidamente climatizado, que conecta a la estación Burj Khalifa del metro con el Dubái Mall, lo que constituye, prácticamente, una  “calle elevada” con aire acondicionado. En las calles, también tienen climatizados a un buen número de paraderos de buses para atender a  la población que  se moviliza entre las ciudades y sus periferias.
Paradero
Paradero de buses en Dubái

Beduinos benditos


Pero son los beduinos, los habitantes errantes del desierto, quienes podrían hablar con propiedad de lo que es un calor extremo, ya que lo han experimentado en carne propia por miles de años.

En semejantes temperaturas, y a diferencia de cualquier otro ser humano, son los beduinos los únicos que podrían sobrevivir sin tomar agua por 48 horas, ya que pueden ajustar sus cuerpos al calor infernal a través de su sudor. Una persona común y corriente escasamente resistiría la mitad de ese tiempo.

El boli: negocio con futuro
El popular boli: jugo de fruta congelado

En las ardientes temperaturas del Medio Oriente el boli colombiano como negocio tendría un futuro casi  que asegurado, por lo exótico y por lo exquisito, y creo que el de corozo y el de coco serían los de mayor acogida.

La singular delicia culinaria  se popularizaría en forma inmediata y los emiratíes muy seguramente crearían el boli de dátil, hecho con la fruta de la palmera del desierto. Los colombianos que por acá vivimos veríamos con añoranza -en español y árabe- el aviso: Hay boli  en los frentes de alguna de las casas, lo que daría lugar también a una innovación  lingüístico-gastronómica.

casa

ad hayboli copy


Historias con calor humano
Al Muñecón: muerte por causa natural

Al Muñecón: años mozos
La historia urbana de Al Muñecón la cuenta un ciudadano colombo-árabe apellidado Manzur, cuyos abuelos entraron a Colombia por la costa caribe. Relata el señor Manzur que Al Muñecón era un maniquí de hule que hacía las veces de saco de arena y pertenecía  a un  boxeador kuwaití  de peso mediano, llamado Ahmad Fahed Bamabadh, el único  ciudadano de la región que se le dio por practicar este exótico deporte, por lo cual lo veían como el excéntrico de la comarca.


Su afición por el boxeo nació de la admiración que profesaba hacia el gran peleador norteamericano Mohamed Ali, mucho más cuando este se convirtió al islam; Ali era su ídolo por quien estaba dispuesto a dar todas las peleas.


Cuenta la leyenda que el peleador kuwaití  se preparaba para una crucial  disputa en el cuerno de África por un título internacional y que dicho evento deportivo se realizaría al aire libre a altas temperaturas, razón por la cual el entusiasta deportista se entrenaba en el patio de su casa en Kuwait, levantando a trompadas a Al Muñecón a temperaturas de 50 grados centígrados, en jornadas de tres a cinco horas.

En una ocasión, cuenta el “turco” Manzur, en un medio día de un mes de agosto, la temperatura en el Medio Oriente subió en forma inimaginable a un infernal registro  de  70 grados centígrados.

El inesperado evento climático tomó a todos por sorpresa incluyendo a Al Muñecón quien a la intemperie, en el improvisado gimnasio de patio,  quedó a la merced de la devastadora temperatura y se derritió en cuestión de segundos.

No hubo tiempo de salvar a la valiosa pieza de entrenamiento y se dice que el desafortunado imprevisto minó las fuerzas del disciplinado Ahmad.

Termina contando el “turco” Manzur que el joven boxeador perdió la pelea por decisión en una épica batalla que duró 12 asaltos y que, después del terrible revés,  Ahmad Kid Fahed desapareció del mapa boxeril de Kuwait y del resto del Golfo Arábigo. Fue para él un duro golpe y un triste final por partida doble.

El Migue árabe 

Otro relato urbano cuenta la historia de un abuelo beduino llamado Mifzal Saeed Humaid a quien, con la bonanza petrolera, sus familiares trasplantaron del desierto a una lujosa villa en la moderna ciudad.

Desde un comienzo el abuelo desaprobó dicho traslado y de todas las cosas nuevas que experimentaba, la que más detestaba era el aire acondicionado.

No cambiaba los 50  grados centígrados de su desierto, que era su ambiente natural.


El abuelo, que rara veces se enfermaba, comenzó en algún momento a sufrir de sus bronquios y la fastidiosa condición se manifestaba con una tos pertinaz que lo desvelaba y acentuaba su sufrimiento. Un día –cuenta la historia- el viejo Mifzal no lo soportó mas y caminó raudo hacia la puerta de la lujosa mansión. Lo último que se oyó de él fue un fuerte portazo con un sonoro vainazo:

–“Al carajo todos ustedes  con sus aires acondicionados”

Nunca lo volvieron a ver por la fastuosa villa y el viejo beduino regresó a su añorado desierto, de donde nunca lo debieron haber sacado.
El viejo Mifzal se parece al ermitaño colombiano Miguel Canales, el de la canción de Rafael Escalona quien pregunta con insistencia:

“¿qué le estará pasando al pobre Migue que tiene mucho tiempo que no sale? ”.


Mifzal en el desierto acariciando sus pies con las suaves arenas del desierto  y  Migue en la montaña respirando la tibia brisa que anuncia la inminente lluvia. Ambos realizando sus sueños de eternos ermitaños.


En el Medio Oriente la vida a 50 grados centígrados  transcurre con mucha efervescencia y da para todo, desde la exótica realidad de una estación de nieve en medio del desierto emiratí, hasta los golpes que la vida da a boxeadores y ermitaños, en algún otro rincón del extenso Golfo Arábigo.




Marcelino Torrecilla N (matorrecc@gmail.com)
Abu Dhabi (EAU) septiembre de 2015


Fotos
www.behance.net (casa en Colombia)
www.foodspotting.com (bolis)
Puerta de entrada  árabe (personal)
Paradero de buses (personal)


lunes, 13 de julio de 2015

Lo que el viento regresó

Muy pocos envidian a los escobitas del Medio Oriente, especialmente después que cae una interminable y pesada tormenta de arena. Los escobitas, aquellos trabajadores que limpian las calles de las ciudades, existen en todos los rincones del planeta.


La tarea de barrer  polvo del desierto es tan ardua como titánica, ya que les toca a estos incansables servidores deshacerse de toneladas y toneladas de arena que se resisten a desaparecer, en un marco de ligeros, pero rebeldes, vientos que hacen la labor doblemente indeseada.


Por otro lado, dentro de la naturaleza y dureza de su trabajo, los escobitas en esta esquina del mundo han sido también silenciosos protagonistas de inusuales acontecimientos que han marcado el diario vivir del impredecible y mágico Golfo Arábigo. Más de uno de ellos tiene una buena fábula por relatar.
Escobitas del desierto: También recolectores de fábulas
Escobitas del desierto: también recolectores de fábulas


Objetos con contenido

Muchas historias urbanas se han tejido acerca de los curiosos objetos que los escobitas han encontrado en su rutinaria tarea de limpieza, después que el rigor de los vientos ha amainado su intensidad.


Se cuenta que muchos de los objetos que la fuerza de las tormentas ha arrancado y restituido de las entrañas del desierto,  han ayudado a descifrar innumerable acertijos históricos de la cotidianidad árabe-beduina. Los objetos representan  verdaderos eslabones perdidos, que la naturaleza ha devuelto en forma repentina y espontánea.


Perdidos y encontrados


Acerca de las variadas piezas y artículos regresados, entre cachivaches y pequeños tesoros, se afirma de la aparición de un daguerrotipo,  de una antigua reina jordana, de quien no se tenía un claro registro gráfico, que ayudó a precisar su último paradero y la posible causa de su muerte.


Coloridos frascos de exóticos perfumes permitieron recuperar complejas fórmulas de fragancias y esencias persas, que se habían dado por perdidas un buen tiempo atrás.


La extraviada daga de Abdulrahman, con la cual se aseguraba habían asesinado -en el siglo 19- al jefe de una delegación portuguesa en Bahréin, esclareció definitivamente un crimen por años irresuelto.


Una tiznada cafetera de plata, de la cual se aseveraba había sido usada en la tregua de la batalla de Dibah, contribuyó a determinar las preferencias de bebidas de los bandos en contienda; y, finalmente, un objeto mas reciente fue una diminuta lámpara de Aladino, de la cual se dice terminó colgando como pieza decorativa del espejo de un taxista en el Cairo. Todos los anteriores, entre muchos otros artículos.

El de más valor


Con toda certeza, de todos los objetos restituidos por el desierto, el que más se recuerda por su valor sentimental e histórico es un antiguo estuche que contenía  una carta de amor escrita por un joven llamado Ahmed Abdullah, dirigida a su novia de nombre Fátima Ali.
Sobre el idilio, cuenta  una leyenda que los jóvenes sostenían una muy difícil relación, ya que pertenecían a tribus rivales: Ahmed a los Bani Qitab  y Fátima a los Bani  Ka’ab. El amor de la pareja era tan intenso y sincero que ya todos estaban enterados del mismo y comenzaba a influenciar inclusive a los grandes jeques de ambos clanes.

Tiempo después, el romance se convertiría en una excusa y en una oportunidad de oro para que ambas tribus depusieran milenarios odios y rencores; sin embargo, posteriores acontecimientos decidirían  algo diferente.


Entrega trágica

Siguiendo un exigente y riguroso protocolo beduino, era de trascendental importancia que los jeques de la tribu Bani Ka’ab -a la cual pertenecía Fátima-  recibieran una carta del pretendiente reafirmando su amor por la bella y mimada joven, para así dar inicio a la formalización de la espinosa relación.


Tristemente, la carta nunca llegó a su destino. Sigue contando la leyenda que tanto el cartero -llamado Khalil Sallam- como el camello que llevaban el trascendental documento fueron literalmente devorados por lo que se consideró como la peor y más devastadora tormenta de arena de todos los tiempos, en esa remota región del Golfo Arábigo.
La madre de todas las tormentas
La madre de todas las tormentas


Del noble animal y del  servidor postal nunca se supo nada más. Simplemente desaparecieron sin dejar rastro físico alguno, según consta en registros históricos que hablan de “una intensa y extensa búsqueda del cartero Khalil y su fiel camello”.
Khalil Sallam: el cartero del desierto
Khalil Sallam: el cartero que el desierto nunca devolvió


La no llegada de la carta a los bastiones de los Bani  Ka’ab fue tomada por estos  como una afrenta que atizó aún más su animadversión hacia los Bani Qitab.


En realidad, en la tribu de los Bani Ka’ab nunca se enteraron de la tormenta, ni del percance sufrido por el malhadado cartero beduino, ya que el siniestro sucedió a miles de kilómetros de distancia, en lo que era todavía territorio de los Bani Qitab.


La acrecentada condición de nómadas de ambas tribus los alejaba geográfica  y socialmente, circunstancia que disminuía la posibilidad de un esclarecimiento y una posible reconciliación.


La historia termina relatando que tanto Ahmed como Fátima terminaron casándose con miembros de sus respectivas tribus y que muy a pesar de todas la vicisitudes y reveses, ambos fueron felices.


Mucho tiempo después…..


El relato finaliza diciendo que, cien años después, al terminarse una intensa tormenta de arena, el antiguo estuche con la carta de amor vino a parar en una bolsa de recolección de un escobita paquistaní, al lado de una congestionada autopista  en las goteras de Dubái, en los Emiratos Árabes Unidos, en la época en que  el joven país emergía económicamente por la llegada de la bonanza petrolera.
new Carta
La carta que nunca llegó
Apartes de la carta de amor
Apartes

El estuche con la carta se convirtió en una invaluable pieza de recuerdo que los dos clanes comparten  en un bello recinto llamado la Casa de la Herencia Bani, en una remota y arenosa población en la frontera entre Omán y los Emiratos Árabes Unidos.


La historia de amor de Ahmed y Fátima,  acaecida en algún punto del Macondo árabe, hace ahora parte de la memoria colectiva de los descendientes de las tribus enemistadas siglos atrás, que hoy disfrutan de paz y armonía absolutas.


Sólo lamentan que sus antepasados hayan perdido cien años de felicidad, y que la tormenta haya cubierto para siempre un sincero amor tan inmenso como las doradas arenas del gran desierto arábigo.





FIN

¿Cómo, creen los amables lectores, han cambiado las cartas de amor a través de los años?

Marcelino Torrecilla N. (matorrecc@gmail.com)
Abu Dhabi (EAU), julio de 2015


Fotos
www.pegasusbooks.net (Tormenta)
www.realadventures (Cartero)

martes, 30 de junio de 2015

Una historia nada común y corriente

Son las 11 de la noche y Baby Halder está a punto de terminar su arduo día de trabajo como empleada doméstica, después de haber fregado el piso de la cocina, lavado una inmensa cantidad de platos y adelantado algo del planchado. Las últimas labores de su día son interrumpidas por una llamada telefónica de su patrón, el profesor Prabodh Kumar, un jubilado antropólogo de una universidad en Calcuta.

– Viajas a Londres en quince días– se le oyó decir al catedrático dirigiéndose a su  empleada con una voz de entusiasmo –,atendiendo la invitación del profesor Moore. Y de Londres– continuó –vas a Frankfurt, en Alemania.

Baby quedó enmudecida ante la inesperada noticia, y sólo alcanzo a balbucear unas pocas palabras de agradecimiento y despedida. La llamada la terminó el profesor con una información de itinerario de viaje: –El vuelo a Londres sale de Delhi, no de Calcuta.

Baby Halder: un vistazo atrás


Baby Halder nació en Kashmir, una región al norte de la India,  y siendo muy niña fue abandonada por su madre. Vivió en un sórdido ambiente de miseria y sufrimiento con un padre alcohólico y maltratador quien la obligó a casarse con un hombre 14 años mayor que ella; para la época Baby apenas cumplía sus doce años .


A los trece años ya estaba embarazada de su primer hijo y después de ocho años ya era mamá de tres niños y, como su madre, recibía soberanas golpizas de un miserable y despiadado esposo que se encontraba perdido en el alcohol.


A la edad de 24 años Baby huyo despavorida a Nueva Delhi, la caótica capital india, con sus tres hijos: Subodh, Taposh y Tia, queriendo dejar atrás ese mundo de vejámenes y abusos, esperando encontrar en la gran ciudad, una mejor vida para ella y sus hijos.


Como empleada doméstica consiguió varios trabajos y en cada uno de ellos era explotada y casi que esclavizada por una mísera paga. Desafortunadamente,  Nueva Delhi no dio alivio a su sufrida vida, que ahora empeoraba teniendo  tres bocas que alimentar.


Una soleada mañana de un mes de junio su vida tomaría un giro inesperado cuando la malhadada joven -llevando de la mano a tres harapientos muchachitos- tocó  la puerta del profesor Prabodh Kumar pidiendo trabajo. El profesor la acogió sin pensarlo un segundo y desde ese día se convirtió en la nueva empleada doméstica del afable catedrático.

 

Revelador descubrimiento


Una tarde, en una escena tremendamente inusual, el profesor Prabodh observaba con detenimiento a su empleada del servicio hojeando las páginas de un libro, cuando limpiaba los estantes de su  biblioteca.


–Umm, ¡Qué interesante! – exclamó el profesor con la misma rutina lingüística que usaba cada vez que se tropezaba con un nuevo hallazgo  en sus investigaciones etnográficas.


Del tremendo susto, la sorprendida Baby dejo caer el libro y para sus adentros (recordando a sus antiguos patrones) pensaba que se le venía un tremendo castigo, o lo que era peor la pérdida de su trabajo por estar haciendo lo que  no debía.


–Perdóneme profesor, perdóneme profesor– imploraba la pobre muchacha que presentía ya las consecuencias–, fue que me llamó la atención el título de este libro mientras le sacudía el polvo y yo de tonta me puse a leerlo.


– No tengo nada que perdonarte–  le respondió el profesor en un tono paternal. –sólo me sorprende  y me complace tu interés por la lectura y, todo lo contrario, te animo a que sigas leyendo y usando esta biblioteca siempre que así lo desees. Nada más agradable que poder compartir un libro con alguien.

A Baby  se le cumplía el sueño de estar rodeada de libros y saciar su sed por aprender, anhelo que no fue satisfecho cuando, a la edad de 12 años, tuvo que dejar el colegio porque sus padres no tenían dinero para comprarle sus libros y un uniforme.

El regalo


Un momento crucial en la vida de Baby  tuvo lugar el día en que el profesor Prabodh le entregó una pequeña caja con un contenido muy especial. Al abrirla, Baby se llevó las manos a la boca y no pronunció palabra alguna por unos buenos segundos.

La caja contenía una libreta de notas y un estilógrafo. Baby permaneció por un momento extasiada con el agradable aroma a nuevo que su regalo desprendía y que llenaba la pequeña estancia donde se encontraba. El aroma a útiles escolares nuevos le traía gratos recuerdos de un primer día de clase.


El nada pretencioso regalo tenía para Baby un significado muy especial, ya que había pasado 25 años desde la última vez que la joven había tocado  un cuaderno de notas y un estilógrafo.

–Si eres buena lectora vas a poder también escribir bien y plasmar tus experiencias en una libreta de notas –exclamó el profesor Prabodh y sus palabras calaron tanto en la joven, que decidió “hacer la tarea” sugerida por su patrón, después de largas sesiones de ejercicio y entrenamiento en escritura y lectura.

A cumplir con la tarea


Todas las noches, antes de acostarse y después de terminar su extenuante día de trabajo, Baby escribía religiosamente al menos una cuartilla en su cuaderno, hasta que un día completó 100 hojas que describían las tristes páginas de  su azarosa vida.


A esta experiencia de catarsis Baby la tituló: "Una vida nada común y corriente". Baby había hecho la tarea puesta por el profesor y el primer borrador de su vida estaba listo para una revisión.


La fluida prosa de Baby impresionaba gratamente al profesor Prabodh a medida que avanzaba en la lectura del borrador. Su admiración por el escrito alcanzó un clímax  al ver que muy a pesar de la crudeza de las experiencias narradas, nunca encontró en los relatos una palabra de odio o resentimiento hacia los personajes que más la habían lastimado: su propio padre y esposo.


La incipiente escritora no había caído en la tentación de un predecible desfogue revanchista de penas y sentimientos. El profesor terminó la revisión del borrador corrigiendo algunos detalles de estilo, gramática y ortografía.


Acto seguido el profesor Prabodh  comenzó a repartir copias de "Una vida nada común y corriente" entre su círculo de amigos literatos, quienes le dieron a la fresca y original historia una gran aceptación.

Los frutos del sufrimiento


En busca de mayores lectores, el profesor Prabodh tradujo el escrito al idioma hindi, que es hablado por más de 300 millones de personas en la India y lo propuso para su publicación a una casa editorial en Calcuta.


Un reluciente martes de un mes de junio del año 2002, "Una vida nada común y corriente" fue publicada por la casa editorial Roshani de Calcuta y se convirtió de inmediato en un best seller nacional. Hubo,entonces, la necesidad de hacer el tiraje de dos nuevas ediciones: todos querían leer la historia de una tal Baby  Halder.


A la edición en el idioma hindi siguió otra versión en bengalí, idioma en que originalmente Baby había escrito el primer borrador.Luego siguió una versión en inglés que la dio a conocer en círculos literarios en muchas partes del mundo.


Cifras de palabras mayores


El  libro vendió más de un millón  de copias y fue traducido a 24 idiomas, incluyendo el  francés, el coreano y el alemán, lo que generosamente le tendió a Baby la alfombra roja del mundo literario global. El New York Times comparó su obra con una autobiografía  titulada Las Cenizas de Ángela, escrita por el profesor norteamericano Frank McCourt, premio Pulitzer por esta producción, en el año 1997.

baby with books
La escritora y su obra


En alguno de sus apartes, el prestigioso diario reseña la obra de Baby como “ una sencilla descripción de una sombría existencia que no necesita los embellecimientos de artimañas literarias”.


El aclamado libro  tuvo también el mérito de ocupar los editoriales de otros reconocidos medios internacionales como el periódico londinense The Guardian y la influyente BBC.


En lo que tiene que ver con regalías, la ahora consagrada escritora, recibió inicialmente por su libro un cheque en rupias equivalente a 102 millones de pesos colombianos, los cuales  invirtió en la educación de sus hijos y la compra de una bella casa en Calcuta. Lo anterior era sólo el comienzo de muchas más recompensas  por recibir.


La recompensa más grande


Aunque Baby se sentía feliz con todo los reconocimientos recibidos, la satisfacción más grande y que disfrutaba a placer, era saber que sus hijos ya no se avergonzaban de ella por ser una empleada del servicio. Ahora la presentaban a sus amigos con henchido orgullo.

– Les presento a mi mamá, es una escritora.


Le tocaba a Baby contener sus lágrimas de emoción, que estaban a punto de estallar,  para salir adelante con este tipo de lides sociales. No se acostumbraba aún a su nuevo estatus  de escritora consagrada y de figura pública.

baby en familia
El profesor Prabodh con nuevos discípulos

La experiencia en Europa


Su  gira por Londres y Frankfurt (la mencionada al comienzo de este blog) fue todo un éxito y la joven escritora tuvo la oportunidad de codearse con eminencias literarias del viejo continente, que querían conocerla de cerca y ahondar en su vida como autora y creadora. De paso, en Frankfurt recibió la versión en Alemán  de su más reciente y exitosa obra.

El encuentro de la escritora con sus personajes


Imprevistas circunstancias propiciaron un singular encuentro entre Baby y dos de los principales personajes de su sobresaliente obra: su ex-esposo y su padre.


Del primero se enteró que había tenido un terrible accidente automovilístico, y que había sufrido leves traumatismos a nivel del cerebro. De inmediato se dirigió al hospital a visitarlo y le pagó la cuenta por los servicios médicos recibidos. El accidentado hombre rompió en lágrimas ante el generoso acto de su antigua esposa a quien él había causado tanto sufrimiento.


También, con toda la generosidad que la caracterizaba, Baby ayudó a su padre, de quien tuvo noticias que vivía solo en Murshidabad, una ciudad en el este de la India. Después de leer el libro, el señor Narendranath -su padre- pidió visitarla. Baby lo invitó a su casa en Gurgaon. Como su antiguo esposo, el ermitaño padre rompió en llanto y le imploró perdón por todo el sufrimiento que él le había causado a ella y a su madre.


– No te preocupes más y pon todo atrás– le dijo Baby a su padre en un tono conciliatorio, -creo que ya es hora de que todos nos quitemos estas pesadas cargas de nuestros corazones y sigamos adelante con nuestras vida, no debe haber espacio para odios y rencores.

La respuesta a un ¿Por qué?


La gran pregunta que todos le hacían a Baby Halder era por qué?, pudiendo vivir cómodamente de sus regalías, seguía trabajando como empleada doméstica.


– Sigo con mi trabajo– respondía sin titubear–, por pura superstición; siento que el día que deje de ser empleada del servicio, se me acabarán las ideas para escribir nuevas historias; en realidad la brega de mi trabajo es la principal fuente de mi inspiración.




 Epílogo


Hoy en día, una feliz Baby Halder continua siendo la misma empleada del servicio, y ahora al servicio de las letras, en quien un día un profesor sembró un sueño, el sueño de ser una escritora, la escritora de su propia vida.

Queda en la carrera literaria de la excepcional mujer, mucho oficio por hacer, como también en la vieja casona del caritativo profesor.


¿Qué moraleja le darían los lectores a esta inusual historia? Quedo pendiente a sus respuestas. Muchas gracias.


Marcelino Torrecilla N (matorrecc@gmail.com)
Abu Dhabi (EAU) Junio de 2015


Otros libros de gran notoriedad escritos por Baby Halder  incluyen los siguientes:


Aalo Aandhari (Darkness and Light/ Oscuridad y Luz),  Eshast Roopantar (Self-portrait/ autoretrato), Ghare Ferar Path (The Way Home/ Camino a casa.


                                                            Referencia
Abdi, S. (2015, March 6). Maid in Kolkata. Friday [Abu Dhabi], p. 1. Retrieved from http://fridaymagazine.ae/making-difference/maid-in-kolkata-1.1465828


Foto de Baby Halder:www.culturebowl.com
En familia: http://mcomments.outlookindia.com/

miércoles, 17 de junio de 2015

El quijote verde de Kerala


Recibo una carta de mi viejo amigo indio Sahas, quien me cuenta la historia de un tal Abdul Kareem a quien llaman El quijote verde de Kerala, en el suroeste de la  India. Lo de verde, me cuenta Sahas, tiene que ver con el ferviente amor que su paisano profesa por los árboles y la naturaleza. Lo de quijote se relaciona con la obsesión de poder tener su propio bosque -con todas la de la ley- que ocupe una extensión considerable.



Lo quijotesco de la empresa es que Abdul pretendía construir su inmenso y frondoso bosque en un terreno con características casi de desierto, donde nada verde parecía nacer, ni crecer, ni reproducirse, y todo allí vive bajo la inclemencia de infernales temperaturas. Él, sin embargo, siempre creyó que sí se podía levantar un bosque en un ambiente tan hostil, de caliche, arcilla y sofoco.


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El ecosoñador compró el susodicho terreno que, en sus inicios, tuvo una extensión de 5 acres, aproximadamente 2 hectáreas, por el cual pagó la suma de 3,750 rupias, que son unos 160.000 pesos colombianos.  En la India esta cantidad es un pequeño platal. El dinero invertido lo había obtenido Abdul de los ahorros de toda su vida. El hombre se la jugó toda por lo verde. He aquí su historia.


La compra del lote
No sorprendía a nadie la sonrisa de oreja a oreja  del señor Bahadur,  corredor de propiedades baldías -tan difíciles de vender-, al cerrar el negocio con un espigado  comprador llamado Abdul Kareem, casi que arrebatándole las rupias de sus manos. El negocio no requirió de mucha discusión y se realizó en forma rápida y expedita.

–Lo de su proyecto es cuestión de fe y perseverancia–, le decía el señor Bahadur a Abdul apretando fuertemente su mano– y usted parece tener bastante de ambas.

Un loco para todos
En la oficina de conservación de bosques del distrito de Kerala, a Abdul Kareem lo bautizaron con el nombre de el loquito de los árboles, la primera vez que les dijo a los funcionarios de estas dependencias donde pensaba sembrarlos.

A decir verdad, en el pueblo, el tratamiento de loco se lo daba casi todo el mundo, incluyendo alguno de sus propios familiares. Aun así, Abdul seguía adelante con su verde aventura de regenerar a la naturaleza y de la oficina de conservación de bosques salió un buen día rumbo a su lote baldío, con una inmensa caja donde llevaba  sus primeros cien diminutos arbolitos, algunos de los cuales yacían ya irreversiblemente doblados, casi que tocando el suelo, por el infernal calor que comenzaba a abrazar el día.

Los ya minados arbolitos sobrevivieron en el suelo baldío sólo unos pocos días muy a pesar del esmerado cuidado que Abdul les había brindado, regándolos juiciosamente con las latas de agua que su vieja motocicleta le permitía cargar. Era solo la primera batalla. El espíritu combativo del ecosoñador estaba lejos de desfallecer y raudo regresó a la oficina de bosques por un nuevo lote de árboles.

Desde la ventana de una de las oficinas del departamento de conservación de bosques de Kerala, un desocupado funcionario avistó la llegada de la ruidosa y pintoresca motocicleta de Abdul Kareem.


– ACABA DE LLEGAR EL LOQUITO DE LOS ÁRBOLES– le anunciaba el funcionario al resto de sus compañeros de oficina con un estruendoso grito. – Apuesto a que nos viene a invitar a visitar su frondoso bosque. Explosivas carcajadas – que hasta el mismo Abdul debió haber escuchado desde la calle- se dejaron oír en todo el despacho gubernamental.

 –Mire, Señor Abdul– iniciaba el jefe del organismo de conservación de bosques con un tono de sermón –nosotros en esta oficina le vamos seguir dando todos árboles o matas que usted necesite, porque es una ordenanza de estado promover su siembra, pero no entendemos por qué insiste en un tonto proyecto que no tiene ni lógica ni esperanza.

La humildad y timidez de Abdul, cuya cabeza permanecía enterrada en el piso, no le permitían replicar los argumentos del obeso funcionario. Un balbuceado –gracias doctor– fue lo único que escasamente se le oyó decir al salir de la dependencia, de nuevo, con la inmensa caja llevando 100 nuevos incipientes arbolitos.


La rebelión de las matas 
De nuevo en su lote baldío, Abdul iniciaba el dispendioso proceso de siembra de los nuevos arbolitos obteniendo, unos días después, los mismos desastrosos resultados. Su instinto de naturólogo silvestre le decía que había que hacer un cambio y fue entonces cuando decidió sembrar matas medianamente adultas en vez de árboles. Fue esta una batalla permanente de dos años bregando a mantener las plantas con vida.

Desafortunadamente, todas las plantas sucumbieron, intento tras intento, ante la rigurosidad climática del despiadado entorno, hasta que, iniciando el tercer año sucedió lo que su fe de clorofila le decía iba a pasar: una de las tantas maticas sobrevivió. A esta mata Abdul la bautizó con el nombre de Esperanza, recordando las palabras descalificadoras del obeso burócrata de la oficina de bosques, que todavía retumbaban en su cabeza.

A Esperanza se le unieron una y otra y otra de sus congéneres: parecía que una imparabable avalancha verde se veía venir, enmarcando una verdadera rebelión de las matas, que parecían dispuesta a sobrevivir por el sueño verde de Abdul Kareem. Fue un momento de sobrecogimiento y lágrimas.

A las matas le siguieron los árboles, muchísimos de ellos y de pronto, después de un tiempo, como en un cuento de hadas, todo fue verde en el terreno baldío de Abdul, quien decidió ampliarlo y en total, de 5 acres, su bosque de ensueño terminó con una extensión de 32. La recién llegada flora abrió un espacio natural a una abundante y vivaz fauna.

de pronto
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En sus simples palabras, Abdul manifiesta que: –A punta de agua le di el empujoncito a la naturaleza y ella hizo el resto; era cuestión de esperar.





Los frutos del esfuerzo
La presencia del nuevo bosque generó significativos y favorables cambios en el ecosistema circundante. Un antiguo pozo de agua que existe en el área producía en el verano unos 500 litros de agua diario. Hoy, del pozo se extraen, al día, 100.000 litros de agua altamente mineralizada.

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Lo que fue antes un indeseado e infértil terreno, estaba actuando ahora como una gigantesca esponja que absorbía toda el agua de los fuertes monzones de la zona. Hoy en día los lugareños tienen agua todo el año, la que es regalada por el generoso Abdul con toda amabilidad.

Abdul junto a su mejor amigo
En los 25 años que Abdul lleva manteniendo su bosque ha sembrado más de 800 especies de plantas además de 300 hierbas medicinales. Su pequeño ecosistema, conocido en ambientes académicos como “el modelo de Kareem”,  es el centro de estudio e interés en universidades de todo el mundo que quieren replicar su proyecto. En el año 2009, Abdul fue distinguido por el libro de récords  Limca (el equivalente indio al Guiness Records) como uno de los 20 hombres más influyentes en la India.





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Sin embargo, dentro de todos los reconocimientos que su éxito ha cosechado, el  que más aprecia es el que su experiencia se haya convertido en una asignatura para los niños de grado 6 en las escuelas de su región: – Todo debe iniciar cuando el árbol comienza a crecer–expresa Abdul con gran sabiduría.


Abdul Kareem estuvo recientemente de visita en Dubái, Emiratos Árabes Unidos, compartiendo su maravillosa experiencia que es todo un canto a la perseverancia por lograr una meta. Su experiencia reúne una gran cantidad de enseñanzas y valores que daría a los eruditos sociales suficiente contenido para escribir todo un manual de vida.


Posdata
Siempre le agradeceré a mi amigo Sahas por compartirme la bella historia de Abdul Kareem , de quien me dice ya no se le ve mas por el pueblo, por que ahora vive en un avión viajando por todo el mundo compartiendo su bondad y generosidad.


En el ultimo párrafo de su carta Sahas remata diciendo que… Su vieja y pintoresca motocicleta está mas destartalada que nunca (se la dejó a un vecino) y se oye rodar por las polvorientas calles del pueblo; el ruido que produce es único e inconfundible. “Ahí va la moto de Abdul Kareem” grita la gente cuando la ven pasar. Es el último recuerdo que tienen del buen amigo y vecino. Ahora todos lo extrañan, pero saben que algún día él volverá para vivir en su soñado bosque, que de quijotesco ya no tiene nada.


Sahas Bhakta, Kerala / Abril, 2015


FIN





Pregunto a mis amables lectores con qué tipo de obstáculos se han tropezado en sus vidas en la busqueda de sus sueños y cómo los superaron. Hasta qué punto sus historias se parecen a la de Abdul Kareem. Quedo atento a sus respuestas. Muchas gracias.


Marcelino Torrecilla N (matorrecc@gmail.com)
Dubái Junio de 2015


Abdul Kareem: Una experiencia de sacrificio y entrega que canta a la vida y a la esperanza.




Fuente

Raj, A. (n.d) Abdul Kareem: The man who grew a forest. Friday Magazine Retrieved June 13, 2015 http://fridaymagazine.ae/making-difference/abdul-kareem-the-man-who-grew-a-forest-1.1309745


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