sábado, 30 de julio de 2016

Emiratos: imágenes y retratos (1)

Emiratos Árabes es un país de retratos, de muchos y variados, con los cuales uno se tropieza en un muy singular entorno de desierto, urbe y fantasía que, en vez de separarse, se armonizan para producir auténticas estampas, las estampas de los sorprendentes Emiratos en imágenes y retratos.

Desierto profundo
Los artesanos de antaño
Rostro 2
Habitante natural
Habitant
Rigor: un retrato
Sin rumbo
Beduinos: sin rumbo fijo
Haluky
Amo y Saluky, el perro de caza
Arte en la calle

Arte en la calle: Gotárabe
Gotárabe
Lampara
Lámparas: luz legendaria
Ventana arabe
Base de poste con entramados de Mashrabiya, ventana árabe
Marshbiya
Ventana árabe (2)
Dallah: la cafetera árabe
lampara
Piezas con luz propia
Caligrafia
Caligrafía y color
Símbolos y atuendos
Símbolos y atuendo
Mujer con burqa
Ttagal
Agal y ghutra
Buscador
Buceador de perlas: sustento antes del petroleo
Fantasía y realidad

Vendedor
shoes
Zapatos obligados, si quiere viajar sobre una alfombra voladora

La jaula de oro

Andando por la ciudad
ANDEN
Andénes de espacios generosos
FAMILY ONLY
En los buses, las mujeres adelante y los hombres atrás
Uñas
El Español junto al Árabe

Espanol
clean
Calle limpia

¡Gracias Shyam!

pluma
Lavamanos en la calle

En un supermercado: disponible almentos, como el cerdo, para no musulmanes.
En un supermercado: alimentos, como el cerdo, disponibles para no musulmanes

En el Palacio de los Emiratos: capuchino con pizcas de oro para iluminar el día.
La vida es dulce

Dates
Dátiles: la fruta del desierto poniéndose en su punto

True date
......y los dátiles maduraron: noche de Iftar
AWWAMA: harina y levadura

KUNAFA: leche y queso

Abu Dhabi: de desierto a prado

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Marcelino Torrecilla N
Abu Dhabi Julio de 2016
Fotos : Archivo personal

martes, 28 de junio de 2016

Carreras de camellos: emociones encontradas

Por mucho tiempo, la práctica de las carreras de camellos ha sido una actividad realizada en los desiertos del Golfo Arábigo y países vecinos. Para ejercitarla, se requiere que el jinete sea de una contextura pequeña  y un peso ligero. 

Es por lo anterior que, inicialmente y cuando en los Emiratos Árabes no había legislación al respecto, eran por lo general niños los jinetes que podían participar en las arraigadas carreras de camellos.  Hoy en día, usar niños como jinetes está prohibido y es severamente penalizado por las leyes emiratíes con tres años de prisión más una multa.

Pero en una ocasión…

La carrera en la cual Shamim participaba ese día, en algún punto del desierto emiratí, se desarrollaba en un ambiente muy tenso, ya que, primero, estaba  la presión de él ganar y segundo el temor de ser descubierto, porque “el jinete banglí ” –como era conocido en el ámbito de las carreras–  era un menor de edad a quien su manejador, siempre con éxito, hacía pasar como mayor. 

Shamim había llegado a los Emiratos Árabes catorce años atrás siendo apenas un niño y sus primeras experiencias de vida las tuvo en medio de caballerizas y las ardientes arenas que abrazan el emirato de Fujairah, en el extremo este de la península Arábiga. Desarraigado de su natal Bangladesh, había sido traído a los Emiratos Árabes con el solo (y único)  propósito de ser un jinete de camellos, para los mercaderes de las carreras. 


Giro abrupto

Hoy le correspondía al desierto de Sharjah ver en acción al niño jinete, triunfador y casi que imbatible. De todos los giros que su actividad como jinete le hacia dar, el de hoy era el más abrupto: a partir de la semana que estaba a punto de comenzar, los niños jinetes serían reemplazados por robots (ver video). Así era, en los tiempos modernos, la tecnología –por fortuna– ponía fin a la azarosa carrera del joven de Bangladesh. Para los niños era un momento de liberación y alivio.

Los nuevos jinetes


Ahora, sin tener una razón de ser, muchos niños jinetes emprendían su retorno a los diferentes lugares que los habían visto nacer como Afganistán, Bangladesh, Irán, Pakistán, y Sudan, a  donde ya no pertenecían.

Estaban encallados en una especie de limbo social y cultural: no reconocían su lugar de origen, ni mucho menos hablaban su idioma, y las costumbres y las rutinas del diario vivir les eran completamente ajenas. Solo conocían las rutinas de las carreras de camellos y el  diario quehacer de establos y  caballerizas. 

Los Emiratos Árabes compensaron monetariamente a muchos de los niños repatriados, pero la deuda social y sicológica quedaba con un gran saldo pendiente.

La otra realidad

Por otro lado, se dieron historias que mostraban la otra cara de la moneda, como la de Ahmedullah Rahman (antiguo jinete) quien temió regresar a su país natal y hoy se siente cómodo, inmerso en un entorno emiratí, donde trabaja como criador de camellos.

 Ahmedullah: feliz con nuevo camello


Otra experiencia similar es la del joven bangladeshí  Mohammed Saleem (aunque su historia no precisa si fue jinete o no) quien llegó a los Emiratos Árabes a la edad de 15 años (hoy tiene 25) y se quedó para convertirse –como Ahmedullah Rahman– en criador y cuidador de camellos, trabajo que describe como arduo y peligroso. 

Mohammed devenga un salario de 900 dirhams al mes, unos 715 mil pesos colombianos, que (se nos antoja) muy probablemente le queda casi libre,  y con el cual mantiene con holgura a su familia en Bangladesh. De hecho, su salario, bajo para los estándares emiratíes, en  su natal Bangladesh es una pequeña fortuna.  

Mohamed: camellando


A decir verdad, en su tierra muy difícilmente conseguiría algo parecido. Adicionalmente, en la finca de camellos, Mohamed tiene un pequeño y modesto apartamento con agua y baño (algo con lo cual  difícilmente  cuenta la mayoría de la población en países como la India y Bangladesh) y con un bien altamente preciado en el ardiente desierto: un buen aire acondicionado.

Las historias de Mohammed y Ahmedullah desnudan la  verdadera razón  por la cual ellos no  regresaron a sus países, que no es otra sino la agobiante y extrema pobreza en que  viven sus congéneres. El otro temor era caer nuevamente en las garras  del vil tráfico humano, sin saber qué nuevo destino les deparaba. Los temores no eran para nada infundados.

Hoy, para el bienestar de los niños, los camellos cabalgan sin jinetes humanos y, mientras muchos jóvenes regresaron, otros pocos se quedaron  y  encontraron el trabajo de su vida, el camello que siempre quisieron tener.


Marcelino Toorrecilla N (matorrec@gmail.com)
Abu Dhabi junio de 2016

 Fuente

Ahmad, A. (2016, February 17). Patience is key for Abu Dhabi camel breeder | The National. Retrieved from http://www.thenational.ae/uae/patience-is-key-for-abu-dhabi-camel-breeder
Fotos: periódico El Nacional de Abu Dhabi




domingo, 1 de mayo de 2016

La fuerza de un cabello de mujer

El agal es ese cordón negro, grueso y circular  –del cual cuelgan una especie de trenza–, que los árabes llevan en sus cabezas y que tiene como función principal sujetar la ghutrah, que es el extenso pañuelo acompañante.

Agal y ghutrah
Agal y ghutrah

Cuenta una fascinante crónica urbana, en el Medio Oriente, que el primer agal lo inspiró el cabello de una hermosa mujer andaluza llamada Carmen, en la época en que los árabes (también llamados moros o moriscos) se encontraban esparcidos por gran parte del sur de España. El origen de la tradicional prenda, según nuestra fantasiosa historia, comenzó en donde hoy se encuentra Córdoba, la segunda ciudad de Andalucía, después de la gran capital Sevilla.

El agal tuvo su primer soplo de vida en un dibujo realizado por un excelso artista árabe de la época, a quien llamaban Hashim el virtuoso, y luego se materializó en un perfecto aro con una frondosa trenza de un resplandeciente color azabache. La creación venía  de las más finas fibras que el meticuloso artista pudo encontrar, y se asemejaba al hermoso cabello de Carmen, la mujer que él amaba y lo inspiraba.

El dibujo y el agal –celosamente escondidos por el artista en un cofre, en algún lugar de su villa–, eran un regalo sorpresa que el dedicado creador tenía para su mujer, a quien había desposado dos días atrás. Tristemente, el hermoso idilio –que hasta ese momento transcurría sin contratiempos–, fue repentinamente interrumpido por la expulsión de los árabes de España.

De hecho, ese día –el día en que Hashim el virtuoso pensaba entregarle el regalo a su esposa– el artista no pudo ni siquiera llegar a su casa y fue llevado al puerto de Dénia, sobre la costa valenciana, de donde salió proscrito, junto a un buen número de sus coterráneos.

Expulsión en curso

Carmen, desconsolada, se quedó esperándolo ese día, hasta que el rocío de una fresca madrugada, finalmente, la venció y al sueño sucumbió.

En el puerto de Mallorca la conversación de unos comerciantes andaluces giraba alrededor del viaje que se aprestaban a emprender con destino a Alicante, y a la nueva Andalucía, ahora con los árabes casi que desterrados. De todos los contertulios, era la voz de quien se hacía llamar José Antonio Hidalgo, la más locuaz y vehemente:

«Andalucía, Andalucía –gritaba con frenesí –, siempre serás grande y poderosa, con o sin  intromisiones y tensiones».

La animada conversación llegó a un punto en el cual el tema de desterrados y reconquistas se desgastó, y todo comenzó a girar  alrededor de la travesía que los andaluces se disponían a iniciar.


Con atuendo y nombre prestado, Hashim el virtuoso hacía, a la perfección, el papel de su vida y pasaba completamente desapercibido entre sus, ahora nuevos “coterráneos” quienes, al día siguiente de haber zarpado, ya lo llamaban:  “Don José Antonio”.

¿ y qué lo lleva a Andalucía, don José Antonio?– le preguntaba Pedro, un joven inquisitivo, de vivaces ojos, con quien -espontáneamente- el simulador había entablado amistad y cercanía.
– La fuerza de un cabello le respondió Hashim el virtuoso, sin un momento de titubeo.
¿Perdón? – inquirió el joven, acentuando la vivacidad de su mirada.

Excúsame, Pedro –le respondió Hashim el virtuoso, con marcada deferencia–es una forma de referirme a mi amada esposa Carmen, que dejé en Córdoba, soy un comerciante, viajo mucho,  y  la expulsión de los árabes me sorprendió lejos, mientras  andaba por Mallorca y Cagliari. Regreso, amigo Pedro, abruptamente, por mi esposa y por un regalo que debo entregar, ah, y también –hablando al oído del joven– por un matrimonio que debo consumar.

Sólo hubo silencio ante la inesperada revelación, y en ese punto –inconcluso–, por esa noche, la conversación entre el joven comerciante y el ahora artista del disfraz, terminaba en forma  espontánea, justo como había comenzado.

* * * 


Vizcaya –el barco en el que viajaba Hashim el virtuoso y el resto de pasajeros–,  atracó en el puerto de Alicante en una atmósfera de tensión y violencia, por el nuevo contingente de moros que, en ese momento, era embarcado camino al  destierro con destino al norte de África. Los altercados afloraban por la arbitraria decisión de las autoridades de obligar a los moros a pagar sus propios pasajes  al ostracismo.

Ya en suelo andaluz, Hashim el virtuoso, aferrado a su bien logrado camuflaje, iniciaba su viaje de vuelta a Córdoba, a su antigua casa, con la esperanza de encontrar a Carmen y regresar a ese día, del arribo frustrado y de la entrega fallida. De ese momento a hoy, ya había transcurrido casi un año. Llegaba con una ilusión apagada, pero con un amor encendido por la esperanza, siempre viva,  del anhelado reencuentro.

Hoy tocaba la puerta de su antigua casa, caracterizando en forma magistral a un dicharachero y jovial albañil, quien miraba el exterior de una deteriorada villa (arrasada por la turba de antimoros), que mostraba crudamente la huella del odio y de la intolerancia. Había, muy seguramente en la casa, muchas cosas que reparar y un buen número de muros que levantar, aunque su verdadero propósito era encontrar a Carmen y recuperar el agal, junto al elaborado dibujo. Rebuznos de bestias y un penetrante olor a café que borboteaba incesantemente, indicaban que la casa estaba habitada.

Estaba tranquilo de no ser reconocido por nadie, porque –a la usanza  beduina– por lo general cubría su rostro durante el tiempo que vivió en Córdoba, y además era reservado y discreto.

La puerta estaba entreabierta, como si alguien lo estuviera esperando. Se detuvo, la empujó tímidamente, pero no se atrevió a dar un paso al interior.

Buenos días –levantó su voz lo más que pudo, desde el umbral–, me llamo José Antonio Hidalgo y soy albañil, trabajo en mampostería, y soy ingenioso para reparar cosas, y además cuento chistes e historias que agradan a chicos y grandes.

Su entrada recibió un silencio que duró sólo unos pocos segundos.

–Siga, don José Antonio–, gritó una voz que retumbó desde una de las habitaciones contiguas a un inmenso patio–, que ha llegao usted como caído del cielo, aquí hay mucho que reparar y espíritus por alegrar.

La voz era la de Manuel García, un campesino venido desde Valencia, de 70 años de edad, voluminoso en talla, de baja estatura, y de un carácter festivo a quien, por mandato real, se le había adjudicado la villa, una de las tantas a lo largo y ancho de Andalucía, que se le había despojado a los moros.

Pues, le inicio comentándole, don José Antonio,  que esta casa perteneció a  unos moriscos, no se cuántos, y ahora es de mi propiedad, por orden de su majestad.
¿Y sabe usted a dónde fueron a parar los antiguos moradores? –, le interrumpió  José Antonio, con un apropiado tono de espontánea curiosidad.

–No se, ni me interesa en lo más mínimo– respondió Manuel, con una voz que destilaba acidas gotas  de  animadversión –, sólo se que debieron haber sido detestables como todos los moros, usted sabe.
¿Todos? – replicó, Don José Antonio
Sí, todos, absolutamente todos– respondió airado Manuel– o ¿usted qué cree?
Verá usted –continuó Don José Antonio con voz apacible–, yo viví por muchos años en Castilla, donde los moros no son muchos y viven en armonía con los lugareños de esa parte del reino.
Ay, don José Antonio, déjese de esas tonterías –le interrumpió bruscamente Manuel moro es moro, aquí y en todas partes. Mire, usted me ha caído en gracia y se ve como un andaluz puro, más bien pongámonos a trabajar, y de paso me comienza a echar uno de sus chistes, que hace mucho tiempo no oigo uno bueno.

Ahora con plena libertad de movimiento en la casa, Hashim el virtuoso se dirigió, en forma impulsiva al patio, y al lugar donde, él esperaba, estuviera aún su agal y su dibujo. Le llamó la atención las pequeñas pilas de arena removidas y esparcidas por todo el lugar, por lo cual preguntó al nuevo dueño.

Una de las primeras cosas que hice fue destruir todo indicio o vestigio morisco en esta villa –explicaba Manuel con voz de emoción–, y mi instinto me decía que algo debían tener escondido en el patio, y desenterré un viejo cofre con signos y caracteres en el idioma moro, que estaban sobre la tapa; no me tomé el trabajo de siquiera abrirlo y la caja terminó en una hoguera, y lo poco que quedó fue a dar al fondo del río.
Umm, ya veo– fue lo único que salió de los labios de Hashim el virtuoso, sólo para indicarle al despiadado Manuel, que seguía con atención su cruda narración.

Era ese el cofre donde Hashim el virtuoso había escondido el agal y el dibujo, que un día, pretendió entregar a Carmen. Imágenes de ese día comenzaron a multiplicarse en su mente. La sensibilidad del artista estuvo a punto de aflorar y resquebrajarse, pero mantuvo su compostura, con un arrollador estoicismo.

¿Que os pasa, Antonio?– le preuntó Manuel–. ¡Qué pareciera que estuvieseis en trance!

–Es sólo que la arena removida en el patio, me recuerda con tristeza a los camposantos y a los muertos que quedan sin enterrar–, respondió José Antonio, con un tono de solemnidad–, y tiene usted la razón, queremos una Andalucía sin ningún tipo de intromisiones, ni de malsanos recuerdos.

¡Ese es el José Antonio, que quiero oír siempre! – gritó Manuel, con un aire de victoria y supremacía.


La vida de José Antonio Hidalgo transcurriría por un buen tiempo de esa manera, como el albañil errante y bonachón, amigo de todos, que iba de pueblo en pueblo emparapetando cosas, contando chistes e historias, y preguntado por Carmen, la mujer del hermoso cabello color azabache, que algún día vivió en la casa de  Manuel García, en el extremo sur de  Córdoba. Nadie le daba noticias de ella.

Un día cualquiera (sin piedad, ni previo aviso), lo asaltó una estremecedora realidad: su disfraz de José Antonio Hidalgo había casi que totalmente usurpado su verdadera identidad y, fue en ese momento, cuando quiso dar vuelta atrás a todo su juego de máscara y comedia. Parecía claudicar en su lucha y querer entregarse.

«Yo no soy ningún  José Antonio Hidalgo, soy Hashim el virtuoso y soy moro hasta mi última célula», comenzó a gritar como loco por todo el pueblo, pero nadie le prestaba atención.
–Ay, don José Antonio, déjese de buscar una mala hora– le decía la gente a manera de consejo –que usted de moro no tiene nada.

Ni siquiera su perorata bilingüe (en el idioma árabe y en un pulcro castellano) que revelaba su verdadera identidad, convencía a los moradores de la certeza de la misma, y de la gente siempre se oía el mismo lamento: ¡Ay, Don José Antonio!

Tiempo después los lugareños lo comenzaban a ver  como un ser  trastornado, que requería de inmediata ayuda. Decidieron, entonces,  internarlo en un sanatorio, para que lo ayudaran a entrar en razón. Don José Antonio se enfrascó en una inquebrantable rebeldía, y se rehusó a hablar más en castellano. De hecho, nunca lo volvió a usar y sólo repetía unas retahílas de frases en árabe antiguo, sin que el más erudito de los traductores las pudiera entender.

Del sanatorio se les escapó una noche de lluvia y centellas, y el pueblo de Córdoba no volvió a saber nunca más de don José Antonio Hidalgo o de Hashim el virtuoso.

Al final, muchos no atinaron a descifrar la verdadera identidad de este extraordinario personaje, que desapareció repentinamentede  de ese punto de la antigua Andalucía.

En su loca carrera, Hashim  el virtuoso fue a dar a Castilla en donde había oído la historia de una bella mujer de un hermoso cabello color azabache, que en efecto, resultó ser Carmen. El reencuentro por fin se dio, pero se convirtieron en enamorados errantes, yendo de pueblo en pueblo y de país en país.

Lejos de Córdoba y despojado de su disfraz, Hashim el virtuoso era un moro más, rechazado y vilipendiado por casi todos. El destino final -y feliz- del azaroso romance fue  Marraquech, un tranquilo pueblo al sur de Marruecos.

Ya en su nuevo hogar, Hashim el virtuoso creó en forma calcada su historia de amor, cuyo capítulo final había quedado inconcluso: hizo el dibujo del agal, el que convirtió en un perfecto aro con una frondosa trenza de un resplandeciente color azabache. La creación esta vez venía también  de las más  finas fibras que el meticuloso artista pudo encontrar, y luego puso su obra en un cofre y lo escondió en el patio. La sorpresa permanecía longevamente viva e intacta, y estaba a punto de manifestarse.

Un bello día de un sol resplandeciente, el artista vendó los ojos de Carmen, la llevó al patio, desenterró el cofre, sacó el agal y con esmero cuidado y manos temblorosas, lo puso sobre la hermosa cabellera de su amada mujer. Rompió en llanto y  comenzaron ambos a llorar como  niños, y a placer, lloraban de la dicha (tardía, pero en abundancia), que la vida les brindaba.

La fuerza de un cabello, que el lazo del agal simbolizaba, los buscó, los encontró, y los mantuvo fuertemente unidos para siempre, en la lejana y apacible Marrakech.

Le pregunto  a mis amables lectores, qué los ata a la vida: un amor? una amistad? un lugar?....



Marcelino Torrecilla N (matorrecc@gmail.com)
Abu Dhabi Abril de 2016
Foto: Árabe con agal: Personal

jueves, 3 de marzo de 2016

A que te enseño ratón

Ya antes había oído la historia de Babar Ali, pero no podía dar fe de la misma hasta el día en que me la confirmó mi amigo indio Sahas, en su más reciente carta:

Es cierto, me afirma Sahas subrayando la aseveración–, el joven Babar Ali existe y es el actual rector del colegio “En esta casa se aprende contento”, recinto  del saber que el joven creó cuando tenía tan sólo 9 años. 

En sus inicios, el colegio no tenía ese nombre y era sólo la inquietud de un niño que jugaba, con una convincente vocación, a ser un maestro, y se resistía a ver como a otros niños de su misma edad, les pasaba por delante una melancólica e improductiva  vida, sin tener ellos la oportunidad de aprender y educarse. Y todo por física pobreza.

Empezando de cero

Esta historia de vida comenzó en el sopor de una tarde, debajo de un árbol de guayaba, en una pequeña aldea en el distrito de Murshidabad al oeste de Bengala, en la India, donde el niño maestro reunía a quienes fueron sus primeros alumnos, a los cuales enseñaba lo que recientemente él había aprendido en sus clases matinales en el colegio Beldanga, donde cursaba sus estudios. Las clases las presentaba como un juego: el juego de aprender.


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La campana de inicio de clase se oía a las 3:30 PM y con todo el orden del caso, exactamente igual a como las había recibido en el colegio, el joven maestro dictaba clase por clase a los curiosos estudiantes, en jornadas que se extendían hasta bien entrada las 6 de la tarde. Sólo las sombras de la noche, por la falta de electricidad, detenían la pasión por enseñar del incansable y apasionado maestro.

La naciente escuela la inició Babar Ali con muchas dificultades para lograr retener a un grupo de jóvenes que no estaban acostumbrados a un horario, ni mucho menos a la exigencia de atención que una clase requería.

Finalmente, se las arreglo para cautivar  a  8 niños, entre los cuales se encontraba su propia hermana menor, Amina Khatun,  quien hoy tiene 19 años y muestra, con mucho orgullo, un honroso y luchado diploma de bachiller.

La práctica pedagógica del joven Babar Ali estaba plagada de penurias, y dificultades como la notable carencia de materiales y equipos requeridos para la enseñanza, como un adecuado tablero y  dignos pupitres. Casi todo era improvisado -o estaba ausente- y se dependía del gran ingenio y de los malabares que la agobiante pobreza siempre activa.

En realidad hoy la carencia aún persiste, no así el deseo de los niños por querer estudiar y espantar el horror del analfabetismo y la privación de todo tipo de oportunidad de educación, en una región donde la mayoría de la población nace pobre, muere pobre e iletrada.
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                        ¡ Presente !


Ya en el salón de clase, a cielo abierto, cuando el clima era favorable, el joven se enfrentaba a los retos del quehacer pedagógico, como: la apatía estudiantil, la disparidad de competencias entre los niños y, a uno de pura logística de claustro colegial: conseguir unas barritas de tiza, las que, al final, lograba -solo en pedacitos- después de rogarle a sus profesores que no los botaran y -más bien- se los regalaran a él.

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Desecho para unos, riqueza para otros

Cuando los profesores  se enteraron del propósito de los desechos de tiza, Babar Ali  comenzó a recibir cajas  -para acompañar a un emparapetado tablero negro- y uno que otro recurso. Las voces que hablaban de la loable labor del joven se oían  cada vez más fuerte y los materiales de estudio y el apoyo logístico comenzaban a aparecer.

Ante el reto de los niños con diferentes niveles de competencia, y para que ninguno quedara rezagado, Babar Ali  decidió arrancar de cero, y de cero arrancaba también su quijotesco sueño de educar a la inmensa población infantil de su comarca y de más allá de sus fronteras.


Influencia contagiosa

El empeño  y la pasión de Babar Ali  para que ningún niño se quedara sin ir al colegio sirvió para aumentar, entre los jóvenes del pueblo, un entusiasmo por aprender que desbordaba todas las expectativas.

Ya no tenía que ir él a las casas a buscarlos y animarlos a que vinieran a su colegio. Llego -por fin- ese grandioso día en el cual los niños iban por su propia voluntad y todos estaban allí, puntuales bajo el árbol  de guayaba y prestos a recibir las clases del joven maestro.

Premios y reconocimientos

Era muy difícil que la tarea social, que Babar Ali hacía, pasara desapercibida y el extraordinario logro llegó rápido a los medios de comunicación de la india y trascendió las fronteras del sur asiático hasta generar  un interés en la BBC de Londres, quien envió a sus periodistas a Murshidabad, para saber más acerca de la vida de este joven sobresaliente.

Un primer reconocimiento  fue expresado por el conocido actor y director indio de cine Aamir Khan, en el marco del premio: Un verdadero héroe, otorgado por la CNN IBN, capítulo India.

Luego fue invitado de honor de Amartya Kumar Sen, laureado Premio Nobel de economía del año 1998, para que diera una charla en Calcuta, ante eruditos y eminencias del mundo de la  economía y las finanzas  en la India.

Finalmente,  el reconocimiento por parte de las autoridades educativas del gobierno de Karnataka se manifestó al incluir la biografía del joven maestro -en el currículo de todos los colegios de este distrito- como lectura obligada en el texto de inglés para el grado 12. Babar Ali  es también  un invitado regular en los conocidos TED Talks, donde comparte su, ahora, difundida experiencia.

El colegio hoy

El joven Babar Ali,  con el paso del tiempo, de los iniciales ocho alumnos pasó a tener aproximadamente 700, quienes conforman, en la actualidad, la planta de estudiantes del colegio, que ha ganado espacio físico y académico al darle la posibilidad a los niños de cursar hasta el octavo grado.

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               El rector poniendo orden
Los ocho niños pioneros, que crecieron como colegiales a la sombra del árbol  de guayaba y respirando su agradable olor,  se contagiaron con el juego de Babar Ali  a ser maestro y hoy en día son también pedagogos,  que se unieron a la noble causa educadora, junto a otros dos docentes que también le apostaron a la misión de edificar cimientos de saber, entre los que ahora representan la esperanza y el futuro de una inmensa población. Todos los maestros del colegio hacen su labor por  amor al arte, de enseñar.

Construyendo
                  Construyendo
En la actualidad el joven Babar Ali  tiene 22 años de edad y lo llaman "el rector más joven del mundo", con sobradas razones. Al juego de ser un maestro, Babar Ali  pudo haberle agregado otro, también relevante: el del, a que te enseño ratón.

En ambas apuestas el joven maestro salió airoso y recompensado en forma sobresaliente, dándonos  una clase magistral de amor y desprendimiento.

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         Babar Ali: El joven rector hoy
Epílogo

Con el patio del colegio ampliado, el árbol  de guayaba se ve ahora  algo pequeño, pero el delicioso aroma que emana permanece hoy tan fresco y penetrante como  hace 13 años cuando envolvía la atmósfera colegial de un salón de clase al aire libre, donde nació el sueño de un forjador de oportunidades, el sueño de un emprendedor, el sueño de un maestro con un inmenso corazón. Larga vida para Babar Ali, el rector más joven del mundo.



Marcelino Torrecilla N (matorrecc@gmail.com)
Abu Dhabi, marzo de 2016
Fuente
Thekkepat, S. K. (2016, January 15). The world’s youngest principal - Fridaymagazine.ae. Retrieved from http://fridaymagazine.ae/making-difference/the-world-s-youngest-principal-1.1653565
Fotos
Friday magazine
Yourstory.com



lunes, 25 de enero de 2016

La mujer que da luz

En la envolvente oscuridad de su habitación, Zahid sentía las frías patas de un húmedo insecto, que se movían  frenéticamente a lo largo de su pierna.

– ¡No! ¡No!  – exclamó aterrorizado, al mismo tiempo que salía disparado de su cama y comenzaba a correr como un loco, alrededor de su pequeño cuarto, sacudiendo su pierna derecha.

Para su fortuna, el inmenso escorpión, que esa noche lo acosaba, no alcanzó a picarlo y por esta ocasión, Zahid salió bien librado de la  aterradora experiencia.

La espeluznante noche de escorpión del joven campesino, tuvo como marco una aldea cerca a la ciudad de Bahawalpur en Punjab, en el centro-este de Pakistán. Hoy, para la tranquilidad de Zahid y del resto de los pobladores, las pavorosas y siempre oscuras noches de asedio, por parte de venenosos escorpiones y serpientes, son un temor minimizado, con la llegada de la luz al recóndito  poblado, en el inmenso Pakistán.


pakistan

La aldea hace parte de las regiones que se encuentran fuera del sistema de electricidad, que en Pakistán constituyen  un 70 % de la población, el equivalente a 50 mil pueblos.


Mujer con luz propia

Las oscuras y tenebrosas noches en esta olvidada geografía del mundo surasiático, son ahora iluminadas con lámparas a base de energía solar, gracias a un proyecto auspiciado por la fundación Buksh en conjunto con el Instituto de  Energía y Recursos de la India.

Para administrar y  liderar el loable proyecto, se escogió, por parte de los patriarcas del pueblo, a la señora Shamim -modista de profesión con 43 años de edad- quien por sus propios méritos de ardua trabajadora e íntegra ciudadana, se puede decir que es una mujer que brilla con luz propia.

Ahora todos me llaman la mujer luz, o Shamim Bibi– afirma con un tono de agradecimiento y regocijo–, en vez de avergonzarme con el título de “la viuda”, y todo por las cincuenta lámparas que tengo a mi cargo.
Shamim Bibi : mujer con luz propia
Shamim Bibi: mujer con luz propia

Así es, el trabajo de la señora Shamim es administrar las 50 lámparas, las que alquila a los pobladores por una ínfima suma de unos centavos de dólar. Ella recibe un modesto salario de 5.500 rupias pakistaníes –unos 174 pesos colombianos, 0.0524 en dólares americanos- y el uso gratis del valioso utensilio.

Además de las lámparas, Shamim está encargada de una planta de recarga de los aparatos y de las finanzas de la empresa, y todos estos conocimientos los adquirió después de haber tomado cursos facilitados por las organizaciones que patrocinan el gran proyecto. Adicionalmente, la iniciada empresaria tiene un joven secretario, quien la asiste en el manejo técnico de la planta.


Tela para cortar 

Con la llegada de la luz, a Shamin las horas de trabajo como modista se le han incrementado generosamente -en la noche- y ahora tiene más tela para cortar, tanto de ancho como de largo, como lo exige hacer un elaborado traje de bodas, que en estos momentos confecciona.

Un traje de boda– afirma con la voz  del conocimiento –, exige una gran dedicación y hay que trabajarlo por largas horas en la noche, y sólo con la ayuda de las lámparas lo podemos hacer; antes esto era imposible.


Primera luz y primeras letras

Años atrás, en la aldea de Shamim, la primera luz que los niños veían al nacer, se daba en un ambiente de un penetrante e insano olor a kerosén y a la luz de una opaca y melancólica vela.

Hoy con las lámparas de la mujer luz, los nacimientos de los niños sí que tienen brillo y -ahora- las parteras no pierden detalle del majestuoso acontecimiento. Y son, precisamente, los niños uno de los grandes beneficiados, ya que pueden estudiar en la noche con la apertura de centros de enseñanza y aprendizaje, lo que ha aumentado notoriamente los niveles de competencia lectora entre los escolares de la región.
Mostrando los nuevos útiles escolares (para nada inútiles)
Mostrando los nuevos útiles escolares 
Pero aquí no paran los beneficios y el nuevo bien de consumo parece tocar a casi todos los lugareños de la antes sombría aldea. Los pobladores de mayor edad, con dificultades visuales para leer, ahora disfrutan más los momentos de oración y recogimiento en noches y madrugadas.

El agricultor puede trabajar su tierra, lo que antes era una labor de alto riesgo por el gran número de serpientes que merodean los campos, con la complicidad de las sombras. Y ni se diga de la seguridad, un bien que ahora se refleja  con claridad, al verse disminuidas las acciones de salteadores de caminos y ladronzuelos de callejones. La luz parece dar para todo, hasta para traer de vuelta a un valioso servidor: el lechero nocturno.


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El brillo de una linda sonrisa lo generan las cosas pequeñas y sencillas

Los pedidos de las confecciones de Shamim siguen en notorio aumento, al igual que los ingresos de su economía familiar, y la de todo los pobladores. Ahora los niños aprenden más, las plegarias se hacen con alborozo, los partos se celebran,  las cosechas aumentan, y los alacranes se alejan, seguidos por los ladrones.

El gran brillo de luz parece no dejar a nadie por fuera y la vida en el remoto lugar lanza luminosos destellos de esperanza y oportunidad. Ahora la luz ilumina el presente y el porvenir de la aldea.


Marcelino Torrecilla N (matorrecc@gmail.com)
Abu Dhabi enero de 2016


Fuente

Gibbons, S. (2015, December 11). Lighting up a million lives - Fridaymagazine.ae. Retrieved from http://fridaymagazine.ae/making-difference/lighting-up-a-million-lives-1.1635279


Fotos : Friday Magazine

domingo, 3 de enero de 2016

El elefante azul de Shati


El inmisericorde bombardeo que sufrió el zoológico de Khan Younis, en la franja de Gaza, se produjo en el año 2008 y el impacto redujo la población animal a expresiones de una fauna disecada y melancólica. Le habían arrebatado a los niños de Gaza una de sus pocas opciones de entretenimiento como lo era visitar el zoológico y saber de la existencia de exóticas especies, que venían de lugares tan lejanos como América del Sur.


Un zoológico de penurias

El zoológico de Khan Younis sobrevive en una jungla de vicisitudes y penurias, dignas de un relato macondiano. Está la leona que ruge, no por hambre, sino por físico celo al no tener un macho con quien aparearse, urgencia que le ha tocado sobrellevar por cuatro años, ya que su compañero cayó en el ataque del 2008.

Hace rato le tengo un macho a la leona- afirma Mohammed Awaida, dueño del zoo-, pero traerlo a Gaza es de lo más complicado y azaroso.

El señor Awaida se refiere a lo peligroso que es traer animales por interminables túneles y pasadizos, en la frontera de la franja de Gaza con Egipto, mas cuando se trata de felinos.

Del más reciente león, sobre el cual  tuvimos noticia, supimos que los encargados de transportarlo no le dieron la suficiente dosis para dormirlo y el animal se les despertó en medio de uno de los túneles; el enfurecido león, claro, los atacó y los cuidadores huyeron despavoridos.

El final del avestruz no fue menos dramático al ser víctima de negligencia médica debido a una inyección mal administrada por un veterinario que sólo tenía experiencia tratando pollos y gallinas. Y el más ingenioso y veloz cruce, lo protagonizaron un par de burros a quienes los administradores del zoo convirtieron en cebrasnos por obra y gracia de unos bien trazados brochazos,  que resucitaron a los équidos rayados, de antes, los cuales también habían caído en la hecatombe del 2008. Traer nuevas cebras estaba fuera del presupuesto y el espectáculo, para los niños, tenía que seguir.

En la implementación de la taxidermia el camello -por su tamaño y la escasez de insumos-  no pudo ser disecado y perpetuado; sólo alcanzaron los materiales para las serpientes,  también caídas en combate.


Por los que más se desviven

Pero de  todos los animales, son el elefante y la jirafa los que gozan de más popularidad y aceptación entre los entusiastas niños de Gaza. De hecho, nunca han podido tener un elefante  cerca y se deben conformar con sólo las imágenes que han visto por televisión o los relatos de personas que han estado en el zoológico del Cairo, en Egipto.
Por el alto costo– cuenta el señor Awaida –, importar una jirafa o un elefante a Gaza es casi imposible, ya que traer un jirafa cuesta 250 mil dólares y un elefante 120 mil.


Un cambio de color

La novedosa iniciativa de la Compañía de Inversión en Palestina de darle  color a las tristes paredes del campo de refugiados de Shati, en la ciudad de Gaza, le dio vida al elefante que el bombardeado zoológico de Khan Younis nunca tuvo y que de haberlo tenido, de todos modos, habría sucumbido también ante el ataque.

El elefante se encuentra  ahora  estratégicamente dibujado en una inmensa pared que mira desde lo alto del campamento. El paquidermo, de un tono oscuro, pareciera querer ser -mas bien- azul y es la atracción entre los niños de esta parte de Gaza, quienes toman turnos para poder “montarlo” y obtener una gran foto, ocasión que los infantes no desaprovechan.

Los niños tienen la esperanza que este elefante les dure por mucho tiempo, pero la duda también los asalta, ante un rebrote del conflicto; en Gaza nunca se sabe.


Aprovechando la montadita
Aprovechando la montadita
Para los niños, el elefante azul no es ningún pintado en la pared. Es lo más cercano que se pueden aproximar al gran gigante de una selva lejana y desconocida: su única opción, la cual atesoran. Lo que hace falta se lo dejan a su vivaz imaginación para que lo supla.



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Epílogo de esperanza

Deben ser muchos los niños que, a la fecha, han "paseado" sobre el lomo del elefante azul en la inmensa pared amarilla que, desde lo alto, mira buena parte del campo de refugiados de Shati.

Mas temprano que tarde el elefante tendrá una acolchonada silla, que hará los “recorridos” más placenteros. Muy seguramente, con el paso del tiempo- y por las innumerables montaditas- el color que cubre parte del lomo se borrará y se necesitará una mano de pintura para restaurarlo, lo que será una esperanzadora señal que el elefante azul ha prevalecido y que la necia guerra no ha irrumpido para aguarle la fiesta a los niños de esta parte Gaza.

 Larga vida al elefante azul de Shati




Marcelino Torrecilla N (matorrecc@gmail.com)
Abu Dhabi (EAU) enero de 2016
Referencias
Al Awwal, R. (2015, December 29). Painters bring new life to hard-hit areas in Gaza - in pictures | The National. Retrieved from http://www.thenational.ae/world/middle-east/painters-bring-new-life-to-hard-hit-areas-in-gaza---in-pictures#5

Al-Ghoul,  A. (2013, April 16). Gaza Zoo Still Attracts Children - Al-Monitor: the Pulse of the Middle East. Retrieved from http://www.al-monitor.com/pulse/originals/2013/04/gaza-zoo-difficulties.html
Fotos : periódico El Nacional de Abu Dhabi